La eXcritura: de la aguja romana al smartpen

El lápiz, el portamina y la lapicera son tecnologías textuales afinadisimas. Responden a un mundo de concepción analógica y el registro es su principal objetivo y función. Parece impensable diseñar nuevas funciones a una tecnología de usos tan normalizados e incorporados socialmente.

Pero, ¿cómo debemos interpretar que nos atormente más la diez mil veces anunciada “muerte” del libro que la desaparición del manuscrito analógico, aunque no se trate más que de una lista de supermercado? ¿Los tecnofóbicos se dieron por vencidos con algunas formas de escritura?

Mucha sociedad de la información pero la propiedad de los tangibles aún nos ocupa más de lo que creemos: la escritura predigital padece un cáncer terminal pero nos volvemos locos porque supuestamente “los chicos no leen” y por la “inminente” desaparición del objeto libro, cuando leen más que nunca y escriben decenas de miles de caracteres al mes.

La mutación de las habilidades que surgieron allá lejos y hace tiempo con las antiguas agujas romanas hechas de plomo, nos ocupa mucho menos que virtualización evolutiva del papiro.

La digitalización de la escritura (y no hablo del bilingüismos que algunos llaman degradación del lenguaje) lo cambió todo porque le dio otra proyección al registro: edición, circulación, postproducción, reproducción a costo cero y, mucho más acá, remix y coautoría, compresión, seguridad y algunas garantías contra el paso del tiempo.

Pero genera más terror la virtualización de la lectura que la de la escritura, quizá por un prejuicio bastante obvio del siglo pasado: leer es un deber; escribir un don. A tal punto esa fórmula caló hondo que la institucionalidad educativa escuela/universidad, con sus diversos modos de transmisión de conocimientos y entrenamientos de habilidades, demanda lectura cotidiana a la vez que promueve la escritura por excepción. Toda una moral en torno a la lectura, toda una mitología sobre la escritura.

El punto, y para no irme más por las ramas, es si a esta altura es o no un delirio pensar en innovar sobre la función de las lapiceras.