La diáspora de los que hacen

En esta época de tantas y tan buenas ideas, en estos años de tanta capacidad de análisis y perspectivas, hay una nueva escasez: la implementación y la organización.

Toda idea convertida en proyecto conoce su techo en esas dos instancias. Primero en la implementación, es decir, en la capacidad de poder hacer (algo, y de un modo aceptable). Y después en la organización, es decir, en la capacidad de poder hacer con otros (también, algo, y de un modo aceptable).

Poder, siempre es poder hacer. Y lograrlo siempre es poder hacerlo con otros. Nadie logra nada significativo solo.

La revista Phrack publicó el mes pasado un artículo en esa sintonía. Puntualmente dedicado a analizar el estado de los movimientos y grupos hackers en el contexto actual de hiperegos y megaexposición, el ensayo firmado por Strauss pone el acento en un fenómeno que podría parecer, en principio, contradictorio: la falta de colaboración y de creatividad en una época donde todos sostienen que ambas sobran.

No es tan rebuscado lo que imprime Strauss, sobre todo porque se detiene en el nuevo individuo conectado que desarrolla visibilidad y al mismo tiempo es incapaz de generar impacto. Avanza un poco más allá y pone en duda aquella metáfora de la mente colectiva que tanto se usó a principios de este siglo para empezar a explicar algunos de los fenómenos culturales vinculados a la Red. También la aciaga idea de “la conversación” donde en realidad reina la intolerancia y gobierna la indiferencia.

Cabe preguntarse si algunos de los aspectos que hoy más disfrutamos de la Red hubieran podido ser creados y desarrollados en un contexto cultural como el vigente.

La abundancia informativa, la dispersión de la atención, la visibilidad como uno de los nuevos commodities, y los 15 minutos de fama de Andy Warhol reducidos a 140 caracteres, regulan la fuerza y dirección de la corriente mayoritaria.

Esta primera parte de la Red es para muchos una respuesta más o menos rápida y barata a una de las preguntas del pasado aspiracional reciente: ¿Cómo obtener visibilidad? ¿Cómo hacerse de esos minutos de fama?

No obstante, para algunos, esta primera parte es otra cosa. Es la capacidad de poder. Es la capacidad de poder hacer y, sobre todo, de poder hacer con otros. La crisis de implementación y de organización configuran un estado de diáspora novedoso e imprevisible hace sólo unos años. Pero no por es menos poderoso.

La diáspora de los que hacen está en funcionamiento. Se presenta con restricciones y por eso es entendida frecuentemente como un retroceso. Pero solo alcanzará una implementación, una organización, para entender con nuevos ojos la situación y ver cómo la diáspora de los que hacen se vuelve, de pronto, en la diáspora de los que pueden. La dispersión es, también, valor.