La crisis del periodismo es de producto

Ya hemos recortado todo lo recortable, reasignado todo lo reasignable, reducido todo lo reducible. Hemos quitado, simplificado y despejado; hemos reprogramado, reajustado, minimizado y niquelado. Nuestros productos no tienen un gramo de grasa de sobra, y nuestros compañeros no tienen un minuto del día libre. El trabajo de los redactores lo hacen becarios, el de los redactores jefe, redactores, el de los subdirectores, redactores jefe; cuando no hacen becarios todos los trabajos, y aún se mantienen dobles estructuras de sueldo y condiciones entre unos y otros. Donde debía haber 15 haciendo el trabajo de 10 hay 5 haciendo el trabajo de 15, y ganando lo que debieran cobrar 2. No queda un coste por recortar, un recurso por aprovechar, un esfuerzo por exigir en el nombre de la empresa y la profesión. Y pronto no quedará un periodista por despedir.

Hemos regalado ejemplares, trapicheado sistemas de medición, lanzado ofertas especiales. Hemos devaluado los productos y las marcas, y vendido nuestra publicidad a precios de saldo. Hemos lanzado grandes y caros proyectos condenados al fracaso, y hemos participado de la colectiva borrachera de las finanzas, empeñando nuestras más importantes empresas hasta el mismo borde de la quiebra. O más allá. Lo hemos probado todo en muros, murallas, vallados, cercos, tapias, paredes, tabiques, cercados, alambradas, barreras fijas y móviles y otros dispositivos de control. Hemos cobrado, regalado, ofertado, vendido y revendido. Hemos demandado, amenazado, suplicado y hasta mendigado.

No ha servido de nada. Nos hundimos. Ha llegado el momento de hacer lo que no nos hemos atrevido a hacer; de cambiar lo que nadie quiere plantearse siquiera cambiar. De plantar cara a la realidad.

Nuestro problema no es un problema de costes, y por tanto no se puede resolver recortando costes. Ni siquiera es un problema de modelo de negocio, y por tanto no se puede arreglar cambiando el modo de generar ingresos. Nuestro problema, damas y caballeros, es de producto. La gente ya no necesita diarios de 64 páginas, ni noticias 10 segundos antes que el vecino, ni informativos de 30 minutos. El público recibe demasiada información, está anegado de datos, y no necesita productos que incrementan la infoxicación que sufre, en lugar de aliviaría. Por eso los medios crecen, pero menos que la Internet en su conjunto; por eso perdemos terreno en el mundo de la información.

Porque nuestros productos ya no funcionan, estamos muriendo como industria y como profesión. Ha llegado la hora de reinventar el periodismo desde la raíz. Si es que queremos que sobreviva.

Tenemos que redefinir la noticia, el átomo de la información. Los valores de rapidez y exclusividad carecen de sentido en un entorno de sobreabundancia de información; ya no vale ser el primero, es más importante ser el mejor. No basta con contar lo que pasa; hay que explicar qué significa, de dónde viene, cuáles son sus consecuencias. Y para ello no hay que distinguir por secciones, o por formatos, o por medios; hay que usar todos los recursos disponibles y necesarios para contar mejor la historia. Hay que usar texto, fotos, vídeos, visualización de datos, geolocalización y enlaces en función de lo que queremos contar. Hay que replantear lo que ofrecemos, cómo lo fabricamos y de qué manera lo ofrecemos. Hay que acabar con las secciones y con los feudos, con las barreras entre soportes y con el tradicional reparto de funciones y tareas. Hay que inventar un nuevo núcleo informativo desde la necesidad del usuario y las herramientas disponibles. Y seguir haciéndolo según surjan nuevas posibilidades.

Tenemos que repensar, y rehacer, el diario generalista; entendido como paquete de información. La actual situación económica demuestra que este producto ya no tiene sentido desde el punto de vista financiero, porque la publicidad ya no necesita grandes audiencias al por mayor, sino segmentación cada vez más fina, y porque el lector puede seleccionar las mejores ofertas informativas de cada medio. Ambos desarrollos exigen que el paquete informativo esté compuesto únicamente por las mejores noticias y eliminan el valor de la subvención cruzada entre secciones. El medio futuro en la red no tiene por qué, ni puede, tratar todos los temas y cubrir todas las informaciones. La idea de contar el mundo al mundo para todo el mundo carece y de sentido. El diario generalista de audiencia general ha quedado obsoleto. El futuro son medios segmentados, de audiencias reducidas pero rentables, de redacciones pequeñas y de alcance informativo menor. Se ha terminado la era industrial de los medios; hay que regresar a los talleres de artesanos que fabrican noticias de alta calidad que no interesan quizá a todo el mundo, pero que son las mejores para aquellos que sí están interesados.

Si queremos que el periodismo viva tenemos que pensarnos seriamente cuál es la esencia del periodismo, y qué es accesorio. La noticia tal y como la conocemos, el diario y sus valores han formado parte central de lo que somos, pero no son la esencia de la profesión ni del papel social de nuestra industria. Para que sobreviva nuestra esencia hay que abandonar lo accesorio y abrazar lo importante, que es informar lo mejor posible. La alternativa es el olvido, y el empobrecimiento de la sociedad civil. No debemos permitir que esto suceda. O tendremos que responder de nuestro error ante el futuro.

Publicado originalmente en http://blog.rtve.es/retiario