La Argentina que viene: cómo será la nueva mayoría

Variables tecno-culturales expansivas

Más del 50% del padrón electoral de la Argentina del 2015, es decir, más de la mitad de la población política y económicamente activa, habrá nacido después de 1983 en hogares de clase media. En el 2015 la mayoría será menor de 35 años.

La infancia de esa generación no fue dictadura. Fue Rock&Pop. Es probable que su primer satélite cultural haya sido Mario Pergolini, no Mario Firmenich.

Cuando nació la próxima nueva mayoría también nació la TV por Cable y se empezaron a vender en el país las primeras videocaseteras. Es la primera generación en consumir contenido on demand. Hoy invierten en consumo de video en internet unas 8,3 horas por mes y más de 10 horas en Facebook. A leer noticias en medios periodísticos online le dedican mucho menos: unos 99 minutos cada 30 días. Más de la mitad de ese tiempo no comienza en los medios: es iniciado desde recomendaciones sociales -amigos y algoritmos que expresan interacciones- en plataformas como Facebook, Twitter y Google.

La primera Wikipedia para ellos no fue la Wikipedia. Fueron los cassettes regrabables. El soporte para el consumo cultural fue, desde que tuvieron uso de razón, editable. Ocurrió lo mismo con los VHSs y, años más tarde, con los CDs. (¿Fue la primera generación “Pirata”?) Fue entonces cuando comenzó la tensión con la cultura broadcast, que no dejaba de ser valiosa ya que ofrecía “lo nuevo” con canales como MTV y MuchMusic. En aquellos años también comenzaba a avanzar el cronómetro de la fragmentación narrativa del videoclip. Hoy lo “lo nuevo” no es broadcast. Es Red.

En los años ochentas el mercado de la atención “pararrayos” entraba en descomposición al ritmo que las primeras consolas de videojuegos eran adoptadas los hogares de clase media. Primero jugaron en sus casas, qué horror, solos. Luego jugaron con sus hermanos, primos y amigos. Pero algunos años después, estaban jugando en Red, con desconocidos, colaborando para cumplir metas.

Actualmente, alguien que juega un partido de fútbol virtual cuenta con más y mejor información sobre el juego que alguien que ve uno por TV. La partida y el destino de toda simulación es la minería de datos, es decir, el desarrollo de conocimiento.

En aquellos años, la tencología todavía iba más rápido que el rediseño urbano y de la vida cotidiana. Los nacidos en 1983 fueron los primeros en portar música en sus bolsillos con el walkman. No sorprende que acualmente inviertan cada año en traslados el tiempo equivalente a la cursada de una maestría de dos años. ¿Qué hacen en ese tiempo? Consumen contenidos. Un ejemplo en esa dirección: el 30% del tráfico de Youtube es generado desde dispositivos móviles. Todo indica que este fenómeno más que una tendencia es una realidad: desde el 2010 más de la mitad de la población de todo el mundo vive en grandes ciudades y está expuesta a tiempos de traslados cada vez más extensos.

La mayoría de los nacidos después de 1983 que se conectan hoy a internet en el país, conocieron la Red antes de los 18 años. Actualmente el 56% de la población argentina usa internet y el 57% de los conectados tienen entre 15 y 24 años. El 77% de ellos lo hace desde el hogar. Las proyecciones sugieren que en el 2015 la mayoría de la población tendrá conexión residencial y en el móvil.

El tráfico de internet en la Argentina se cuadruplicó en el último año: 12.000 megabits por segundo, un 425% más respecto de julio de 2011 (esto se debe en buena parte a los servicios en la nube y sobre todo al incremento de consumo de video). En América Latina, el video por internet representará el 66% de todo el tráfico en 2015, en comparación con el 46% que ocupó en 2010.

El 80% de los usuarios de internet en la Argentina hizo alguna vez, al menos, una compra. La mitad es comprador regular.

Existen decenas de rasgos culturales globales, unos más alentadores que otros, que son compartidos por los argentinos nacidos después de 1983. Algunos de ellos son:

– La principal actividad en la Red es organizar acciones fuera de la Red.

– La educación a distancia y el teletrabajo son formas aceptadas, confiables y rentables para equlibrar vida personal con vida profesional.

– El sentido de la amistad y de la confianza varió sensiblemente: Ahora no son sólo amigos los “amigos”, sino también aquellos con los se tiene un pacto que se limita al intercambio de información.

– La moda y el diseño del cuerpo no son penalizados con la etiqueta de frivolidad.

– Gay no es un insulto. Tener más de 40 años y no haber formado una familia no es interpretado como el fracaso de una vida.

– No hay estadísticas al respecto, pero se sabe que el sexo mediado por pantallas no es una excentricidad.

– La privacidad es importante no como valor a proteger sino producto a consumir porque es del otro. Entregar privacidad se recompensa en la cultura de las Redes (Una situación que está generando cada vez más problemas a individuos y organizaciones).

– Existe un sentido relativo de propiedad: quiero tener, pero sobre todo compartir. El reconocimiento es mejor percibido que la propiedad.

– Para esta generación pedir descuento no es una verguenza, es un signo de inteligencia para aprovechar oportunidades. Hace sólo una o dos décadas, pedir un descuento era muy mal visto.

– No piensan que el pasado fue mejor, ni que el presente está tan mal.

– Las manifestaciones políticas virtuales son tan reales como convocar una marcha a Plaza de Mayo.

– Es una generación que lee menos linealmente, pero que lee y escribe más. Sabe más, pero de un modo más fragmentado.

– Están construyendo su propia mitología: no temen al hombre de la bolsa. Temen a Slender Man.

– Es una generación que apila medios y pantallas al mismo tiempo que solapa consumos. La relación TV-Twitter es un ejemplo clarísimo de esa nueva forma de consumo cultural.

– La mediación (en cualquiera de sus variantes: medios, política, educación, etc) empieza a ser percibida como un antónimo de transparencia.

– Todo el software que usan y producen, toda línea de código que se escribe en el mundo, como efecto buscado o colateral elimina intermediarios o construye nuevas intermediaciones.

Todos estos datos y manifestaciones, locales y globales, son apenas algunas piezas del rompecabezas de la nueva mayoría argentina post 2015. Cualquier intepretación y conclusión lineal puede resultar en un ejercicio muy peligroso, de igual modo que desconocer estos fragmentos que emergen sin estructuración posible por la dicotomia cultural privado/estatal.

Es clave que especialistas puedan contextualizar esa modernidad tecnológica que emerge con objetos y sujetos de nuevas prácticas con información de otra naturaleza. Por ejemplo con los datos aportados por el informe de la Unesco Global Education Digest en el que se afirma que la Argentina sólo un 43% de los estudiantes secundarios terminan sus estudios en los plazos establecidos y que sólo un 50% del total de estudiantes, también secundarios, consige obtener ese título.

Todo retrato cultural de época es incompleto y fragmentario. La totalidad es imposible. Cualquier ficción conceptual como la de “nativos digitales” sería un salto al vacío propio del pensamiento binario.

Con motivo de interpretar el cacerolazo de hace dos jueves, Beatriz Sarlo publicó en La Nación un artículo que terminaba con una frase autocrítica con la que la ensayista incluía a políticos e intelectuales: “No supimos escribir mejor las cosas que en Facebook”.

Mi propuesta es agregar a esa frase “ni leer”, y arriesgar desde cuándo. Porque aquello que políticos e intelectuales, representantes y medios, les cuesta entender y aceptar, es una realidad de fondo: que el liderazgo tradicional es ahora impotente y que la Red como institución ahora representa la movilidad social.

Fuentes: Comscore, Cabase, Indec