Homo Mobilis

Frente a lo desconocido, es más fácil y tranquilizador observar sólo un perfeccionamiento de lo conocido. Frente a lo desconocido, no se trata de prever, sino de innovar. Para comprender el futuro no hay que actuar como adivino, sino como inventor, es decir, como creador de las cosas que sólo existen en estado simple potencial.

El libro de Georges Amar, que la editorial La Crujía acaba de publicar en español, no es un solamente un ensayo sobre la evolución del transporte público. Es un libro sobre innovación y, de algún modo, es también un conjunto de apuntes sobre la evolución de las redes sociales en las instancias de desplazamiento urbano.

Homo mobilis. La nueva era de la movilidad, avanza sobre aspectos que conectan la transformación de la industria del transporte con la evolución de los públicos, las relaciones y el consumo cultural. Supongo que para los profesionales del mundo del transporte es un libro esencial, pero entiendo que para los productores de contenidos puede funcionar como la bomba perfecta que necesita la represa desvencijada que contiene todavía a la producción mediática en los espacios y tiempos de consumo de principios del siglo pasado.

Amar habla del principio de religancia: “Una de las perspectivas más prometedoras en materia de infraestructura urbana es precisamente la de la religancia, creación de lazos y de sinergias entre redes de flujos urbanos de naturalezas muy diferentes: flujos de viajeros, de información, de energías, de mercancías, de calor, de residuos, de servicios, de formas culturales, etc”.

Examina tres niveles de mutación clave:
. El pasaje del transporte a la movilidad.
. El pasaje del hardware al software y el poder de las interfaces.
. La transformación de los actores, las estrategias y las empresas operadoras.

De la casa al trabajo y del trabajo a la casa fue el patrón de desplazamiento durante las últimas décadas y para Amar “esto es justamente lo que está tambaleando”. El autor avanza en esa dirección: “Las nuevas relaciones con el tiempo, el cuerpo, los lugares, los otros, etc, van a afectar e incluso contrariar la idea que nosotros nos hacemos de la riqueza creada por el transporte (…) El valor de la movilidad será cada vez más entendido en términos de religancia antes que de tránsito. Creación de lazos, oportunidad y posibilidades y no como puro y simple franqueo de distancias. ‘Rápido y lejos’ ya no será el pilar axiológico”.

Homo Mobilis se inscribe en la transición del concepto de transporte al concepto de movilidad, “entendida cada vez más en términos de creación de relaciones, de oportunidades y de sinergias (…) El tiempo de transporte ya no es una ‘pérdida de tiempo’, sino un tiempo de transición utilizable (…) El paradigma clásico de transporte está centrado en en la eficacia, la fiabilidad y la seguridad de la gestión del flujo. (…) La virtud del nuevo paradigma es redescubrir el valor de la relación”.

Para el autor la movilidad no es más un atributo accidental o circunstancial, sino más bien un atributo esencial. De ahí la idea de Homo Mobilis. Explica cómo el diseño urbano y la expansión de la conectividad, conjuntamente con la diversificación de dispositivos, están contribuyendo a disociar las actividades de los lugares donde se llevaban a cabo. Ya no hay “un sitio indicado” para “hacer algo”. Por ejemplo el cine. Todos miramos más películas en cualquier parte antes que en el cine. Lo mismo podríamos pensar respecto del consumo de noticias.

De ahí que Amar tienda puentes entre el tiempo como distancia al tiempo como sustancia; del tiempo previsto al tiempo real: el fin de la espera; del tiempo uniforme a los ritmos urbanos; del cuerpo equipado a la persona ampliada. Y sobre el final del libro sugiere que “posiblemente, un día evaluemos un sistema de transporte como evaluamos hoy un sitio web, con la cantidad de contactos que induce”.

Lo que está en el fondo del libro de Georges Amar es claro: la dinámica de la innovación también vive un cambio de paradigma, “que afecta la naturaleza de sus fines, de sus objetos y de sus procedimientos”.

Para el autor las soluciones para la nueva movilidad son “sistémicas”: integran la dimensión móvil (vehículos, vias, velocidad) y la innmóvil (estaciones de tren y de autobus, espacios públicos y relación con el territorio); articulan el hardware (material rodante, infraestructuras) y el software (información cognición, servicios). “Para eso, se necesita la creatividad de otros: otros ciudadanos, otras ciudades, otras culturas. No se trata tanto -o no sólo – de “buenas” ideas. Lo que necesitamos no es eso. Lo imprescindible es contar con ideas diferentes y diversas. La primera condición de desarrollo sustentable es ‘la ecología del espíritu’, como decía Gregory Bateson: la cultura y el compartir experiencias, saberes, emociones e ideas”.

Homo Mobilis. La nueva era de la movilidad promueve el cambio en una industria que se transforma de hecho por motivos incontrolables por parte de los players históricos que la componen. Algo muy similar a lo que ocurre en la industria de los medios, de las noticias y de los contenidos en general. El libro de Amar es también un ensayo acerca del ADN del valor del servicio de transporte y a la vez una propuesta de mutación: “El valor de la movilidad es renovar lazos que nos vinculan con otros, con nosotros mismos y con la tierra que habitamos”.

Es posible realizar múltiples analogías entre la industria del transporte y la de los medios. La transformación de cada una afecta directamente a la otra. Sus historias están estrechamente relacionadas. Las dos con procedimientos y fines estrictos durante décadas, siglos, ahora se están encontrando con que el mapa es algo mucho más complejo que el territorio, y con que el valor de las soluciones que habían diseñado entonces, debe ser revisado a la luz de prácticas y conexiones novedosas que, como dice Amar, no son un perfeccionamiento de lo que hasta ahora conocíamos, sino algo distinto que requiere la actitud, el riesgo, la precisión y el foco de verdaderos inventores.