Hacer clic en la Web 2.0

Editora invitada Carolina Gruffat

Estábamos trabajando en una reseña del último libro de Carlos Scolari, que es una investigación minuciosa sobre las interfaces, cuando leímos Porque la Web 2.0 no se convertirá nunca en los Medios 2.0, de Alejandro Piscitelli. La dificultad de uso de las aplicaciones Web 2.0 impide que éstas sean utilizadas masivamente por los usuarios comunes; y, como lo demuestra la evolución de las interfaces alfanuméricas a las gráficas, éste es un problema para los diseñadores de interfaces y expertos en usabilidad.

Pero otros aspectos de este mismo problema, como el desinterés o la resistencia de los consumidores de noticias a pasar a ser productores de las mismas, son hartos más complejos. Acá una socio-semiótica de las interacciones digitales tendrá que ser mucho más socio, cultural y cognitiva, que semiótica. Habrá que avanzar más en la línea del último capítulo de Scolari, que propone pasar de un estudio de los instrumentos a las mediaciones -una dimensión que integre la dinámica de diseño/uso y las relaciones entre tecnología, cultura y sociedad, que teóricos como Pierre Lévy han llamado el “plano socio-técnico de las interfaces”-.

Lo cierto es que éste no es el modelo teórico que embebe Hacer clic. Hacia una sociosemiótica de las interacciones digitales, cuyos pilares están tomados de la semiótica interpretativa y las ciencias cognitivas. Scolari busca enriquecer el modelo cognitivo con la idea contractual y conflictiva de la relación diseñador-usuario, lo que resulta por demás de productivo para el estudio de las interfaces; pero ¿no habrá que enriquecer a la semiótica, como siguiente paso? El propio Scolari parece sugerir que sí.

Una Web 2.0 for the rest of us

El punto de partida del desarrollo teórico de Scolari es una “crítica a la razón instrumental”, con la que busca desmontar el mito de la transparencia de las interfaces, vistas como prótesis o extensiones de cuerpo que desaparecen durante el uso. “A pesar de lo que sostienen numerosos diseñadores e investigadores ?explica Scolari-, la interacción con las máquinas digitales está lejos de ser una actividad automática, natural y transparente”. Tanto en el diseño de una interfaz como en su uso intervienen complejos procesos semióticos y cognitivos.

La interfaz, sin embargo, no siempre fue vista como un instrumento que extiende nuestros órganos del cuerpo. Como una suerte de concepto-paraguas o significante vacío, la interfaz fue pensada también como un interlocutor (inteligente) para el usuario, bajo la metáfora conversacional; como una superficie donde se encuentran dos agentes, bajo la metáfora de la piel; y finalmente como un espacio de interacción.

La metáfora espacial nos parece la más apropiada para pensar aplicaciones Web 2.0 como Digg o del.icio.us., de catalogación o filtrado colaborativo de la información por parte de los usuarios, y social bookmarking. Esta metáfora no sólo contiene a las otras, por lo que resulta ser la más explicativa, sino también se acerca a la perspectiva semiótica polémico-contractual que Scolari busca destacar. ¿Cómo son estas interacciones del usuario con otros usuarios y objetos dentro de estos espacios virtuales?

Tanto en el caso de las interfaces alfanuméricas como las gráficas, cada interfaz propone una gramática de interacción, además de una gramática textual y gráfica. Se trata de un conjunto de reglas colectivas o una sintaxis para la interacción, es decir, una manera de hacer. Ahora bien, es en la aceptación o el rechazo, por parte de los usuarios, de las gramáticas de uso que propongan las nuevas interfaces, donde se decidirá la suerte de la Web 2.0.

¿Qué competencias deber tener hoy el usuario de la red para incorporarse a estas tendencias?. La pregunta no es menor si consideramos que, además de las capacidades de lectura y escritura, las nuevas aplicaciones 2.0 requieren habilidades cognitivas para la catalogación y organización de la información, en base a categorías conceptuales que operan en un nivel meta- comunicativo.

Nuevos contratos de interacción

Tomando como base el modelo de la conversación textual de Bettetini, Scolari establece una primera analogía entre el diseñador de una interfaz, la interfaz misma, y su usuario, por una parte; y el autor de un texto, el texto, y el lector, por otra. Habrá que agregar dos figuras textuales, el enunciador y enunciatario, para que quede conformado un modelo bastante más complejo que el modelo cognitivo, delineado por Don Norman.

Sin embargo, aún cuando Scolari retoma este modelo de la conversación textual de Bettetini para pensar la interacción persona ? ordenador, propone tres puntos en los que esta última se aleja de la primera: 1) el sujeto enunciador sólo queda parcialmente estructurado porque está regido por estrategias potenciales; 2) la manifestación protésica del enunciatario es valorizada y actuada dentro del interespacio ?el usuario asume un cuerpo simulado y visible en la pantalla; 3) además de un “saber-ser” y un “saber-hacer”, la interacción incluye también un “actuar” en forma de competencias de diseño y uso.

El aporte fundamental del modelo semio-cognitivo que construye Scolari es la incorporación de la dinámica de diseño/uso al modelo de la conversación textual. Explica Scolari: “dentro de la interfaz se instala un intercambio simbólico, una conversación virtual entre el diseñador implícito (enunciador) y el usuario implícito (enunciatario). Este diálogo funciona como propuesta de interacción respecto al usuario empírico, el cual podrá aceptarla (o no)”. El contrato de interacción se establece entre la propuesta de la interfaz y el usuario empírico.

La propuesta de interacción implícita en las interfaces 2.0 pasan, como señala Piscitelli, por la obtención de información personalizada a través de canales RSS, la conformación de comunidades o redes sociales que comparten favoritos. Cada una de las interfases postula un tipo de diseñador y de usuario modelo o implícito; pero finalmente nos toca a nosotros, los usuarios de carne y hueso, aceptar o no ese contrato para convertirnos en productores de contenidos o incluso en arquitectos de los nuevos espacios de la Web 2.0.

Volvemos a la pregunta inicial: ¿porqué es tan difícil que los usuarios se conviertan en productores de información? Quizás por lo mismo por lo que no nos decidimos a hacer un blog que acompañe, soporte, y co-evolucione con la tesina que estamos empezando a pensar. Por lo pronto, terminaremos este post diciendo que el libro de Scolari, producto de su tesis de doctorado dirigida por Gianfranco Bettetini, es un ejemplo de trabajo teórico minucioso que todo comunicador/a social que tenga que hacer una tesis no debería dejar pasar.

Mil gracias a Alejandro que me prestó el libro.