Gratitud a los Piratas

Hasta hoy no tenía la versión final que se imprimió de mi libro Hackear el periodismo. Algunos amigos y colegas me habían pedido que les envíe el pdf. Creo que no me creyeron cuando les dije la verdad: no tengo la última versión, la que se imprimió. Cuando envié a la editorial los últimos cambios y correcciones, en un archivo sobre el que trabajamos, los editores se encargaron de incorporarlos al documento final que fue a la imprenta. De hecho la última versión que yo tengo lleva otro título. Ni siquiera pude escanearlo porque tampoco tengo un ejemplar impreso. Los que me envió gentilmente la editorial los regalé. No puedo tener mi propio libro en mi casa, me parece que no da, que no corresponde, que sería un acto de autobombo doméstico bastante patético. En mi biblioteca están los libros que leí, los que escribo deben estar en bibliotecas de otros. Y si lo hubiese tenido tampoco lo hubiera subido a internet: la “piratería” sobre la propia obra es en alguna medida un reconocimiento que uno no debe promover.

Dos años y medio después de haber escrito Hackear el periodismo, encontré unas versiones escaneadas y publicadas en la Red. Me descargué, entonces, “ilegalmente”, una copia. Quizá es porque no me gano la vida publicando libros, pero descargar el propio es una experiencia interesante, nueva para mi. No tengo idea qué pensarán en la editorial, que tan bien me han tratado siempre y a quienes estoy agradecido. Pero para ser 100% honesto, ahora también debo agradecer a los piratas. Que alguien compre tu libro, lo lea, se tome el tiempo de escanearlo y luego de subirlo a Internet para que otros lo lean es, de nuevo, en alguna medida, un reconocimiento.