Flujos de diversidad postGutenberg

Este domingo se presentó en el barrio de San Telmo la tercera edición de la revista Gazpacho, que publica el Centro Cultural España en Buenos Aires. Este número está dedicado a la diversidad cultural. Daniel Molina, quien lo editó, me pidió en mayo pasado que le mande un artículo. Le envié esto:

Flujos de diversidad postGutenberg

Lo mejor que podría haber sucedido respecto de los desafíos de diversidad cultural, ocurrió: la producción y circulación de contenidos están distribuidas y totalmente fuera del control de las instituciones.

Los flujos parainstitucionales de creación e intercambio avanzan y mutan a una velocidad incomprensible para Estados y gobiernos, organizaciones y foros internaciones, medios y academia.

El mapa de las industrias culturales, que hasta hace sólo unos años nos indignaba con su asimetría Norte-Sur, se está haciendo añicos. El diseño unilateral de la emisión cultural, otrora poderoso hasta lo recalcitrante, se está volviendo inofensivo ante la emergencia de flujos culturales ubicuos e incontrolables.

Editar la realidad. Los medios de comunicación tradicionales, masivos y exponentes por ejemplaridad de la comunicación broadcast –uno a muchos- son descendientes del diseño del mundo que la modernidad propuso imprenta en marcha. Organizar la realidad como un Estado moderno fue para los diarios impresos, la radio y para la televisión una forma de entender y contar “lo que pasa”.

Las secciones de cualquier diario son a la información lo que los ministerios a las sociedades. Una forma de organizar la gestión de los flujos sociales. Una forma de normalización basada en una inercia cognitiva que todavía seduce a muchos.

La diversidad cultural, mediada por una ecología tan conceptualmente concentrada, no fue más que notas al pie de los flujos estandarizados de los medios que, por naturaleza, siempre tuvieron como interlocutores más al poder que a la sociedad.

Del paréntesis de Gutenberg a la oralidad conectada. El profesor Lars Ole Sauerberg, del Institute for Literature, Media and Cultural Studies de la University of Southern Denmark, acaba de lanzar una hipótesis provocadora que no tardó en recibir críticas demoledoras. Desde el grupo de trabajo “The Gutenberg Parenthesis Research Forum”, sugirió que el futuro está en el pasado. Que Internet constituye una oralidad secundaria, un paréntesis que se cierra quinientos años después de haber sido abierto por la imprenta. El mundo oral, que predominó en toda la historia previa a la invención de Gutenberg, estaría de regreso, pero ahora en versión hiperconectada. Una línea conceptual muy en sintonía con Marshall Mcluhan y sus esbozos publicados en su libro La Galaxia Gutenberg (1962).

Internet es una fábrica de diversidad. La arquitectura de la red –que es su política- cancela el monopolio. La otredad ahora está en alza. Lo diferente es valioso. La lógica de los nuevos medios traslada a las personas total libertad y consecuente responsabilidad para producir, distribuir, obtener y remezclar contenidos e interacciones. El fenómeno parece imparable pese a los variados esfuerzos de regulación que nacen obsolesciendo.

El mayor desafío ahora es repensar la diversidad con nuevas categorías. Ya no como una compensación forzada para nivelar las ecuaciones corporativas de la emisión cultural broadcast, sino como flujos broadband: muchos a muchos.