Flickr y los nuevos usos de la fotografía

En Noticias de esta semana, hablamos de Flickr.com y la nueva fotografía. Sale esta noche.

Cuando la Web irrumpió en la ecología de soportes culturales, nadie pudo advertir el impacto que tendría en el mundo de la fotografía. Mucho menos cómo se integraría el lenguaje fotográfico en la vida cotidiana.

Una conjugación factores tecnológicos, económicos y culturales dio rienda suelta a la fotografía, a la edición y, sobre todo, a la publicación de imágenes en la Web, donde Flickr.com reina, gobierna y se ha convertido en el mayor banco on line de fotos tomadas por los usuarios, que pueden o no ser fotógrafos expertos.

El martes pasado, Flickr.com alcanzó una cifra record para los indicadores digitales: 2 mil millones de fotografías publicadas. Quien terminó de redondear la cifra fue una australiana que tomó una foto de un árbol de Sydney y la publicó, sin saber que colaboraría poniéndole la frutilla al record.

Flickr.com es sinónimo de la fotografía en Internet, es el YouTube de las imágenes estáticas. Está online desde febrero de 2004 y en manos de uno de los gigantes de la Web, Yahoo! Inc.

Comenzó funcionando como un mero repositorio de imágenes. Pero el sistema de Flickr.com se fue haciendo cada vez más complejo y actualmente permite publicar desde el teléfono celular una foto tomada hace un instante, y clasificarla en ese banco global con un criterio personalizado. Fue uno de los primeros servicios on line que entendió que para los nativos digitales tomar una foto y publicarla dejarían de ser dos acciones separadas y se condensarían en un clic.

En la Web, las imágenes y las fotografías en particular son parte de los contenidos estrella. La proliferación de dispositivos móviles con capacidad para registrar momentos con habilidades mínimas están en diálogo permanente con la red de redes. Porque, casi siempre, parece ser más importante publicar que tomar la foto.

Hace unos días, en el recital que Björk ofreció en el teatro Gran Rex, la artista pidió por favor al público que no continuaran sacándole tantas fotos con los celulares. No se trataba de un asunto de exclusivas ni de permisos: la desconcentraba semejante cantidad de disparos de obturadores por segundo. Rafael Cipollini, ensayista que presenciaba el show, enseguida comentó en su blog (cippodromo.blogspot.com) con relación al público del espectáculo: “No estaban disfrutando el show, sino especulando en cómo obtener un posterior disfrute de su recuerdo. Un presente preterizado”.

El comentario de Cipollini da en el clavo y apura la reorientación que se está dando en el marco de los análisis culturales de la fotografía. En su libro “Mirar”, el crítico y novelista inglés John Berger explicaba por qué la cámara “recoge los acontecimientos para olvidarlos”. Claro está que el lenguaje y la tecnología fotográfica que analizan Cipollini y Berger son harto distintos y responden a dos a mundos y formas contemporáneas diferentes.

Las fotografías tomadas a Björk hace unos días fueron seguramente, en su mayoría, realizadas con teléfonos celulares y publicadas en la Web, y Berger, en su libro aparecido en 1980, se encarga de las fotografías más tradicionales, incluso entendiéndolas desde una división cultural cada vez más difícil de comprender actualmente: la de lo público y lo privado.

La cámara de Berger se inscribe en un mundo industrial, pre digital. Las que disparan contra Björk, en la sociedad de la información o, al menos, en un mundo donde todo tiende a informacionalizarse, a convertirse en bits y estar accesible desde cualquier lugar.

De la memoria a los testimonios. Las nuevas manifestaciones de la fotografía están más orientadas a dar testimonio en tiempo real que a generar soportes para la memoria colectiva. Son los tiempos de la oralidad de la imagen.

Los atentados terroristas perpetuados en los subtes de Londres dan cuenta del fenómeno. Buena parte de los pasajeros sobrevivientes a las bombas de Al Qaeda se convirtieron, al instante, en testigos y reporteros del desconcierto. Muchos de ellos desenfundaron sus teléfonos móviles y registraron la confusión y el miedo que se apoderaba del subterráneo inglés. Pocas horas después, las instantáneas circulaban por toda la red e ilustraron a la mañana siguiente las notas de los diarios y revistas de todo el mundo.

Claro que un atentado es un acontecimiento demasiado fuerte en sí mismo y por ello las fotos se convierten enseguida en parte del interés público. No obstante, esos usos de la fotografía son prácticas cotidianas para cientos de miles de personas, y especialmente para los más jóvenes.

En ese sentido, Fotolog.com funciona como un gran relato visual de la vida adolescente contemporánea, donde miles de argentinos publican las imágenes más ordinarias tomadas con sus celulares y cámaras digitales. Los momentos más cotidianos de cualquier joven pueden convertirse en un acontecimiento para la posteridad. Susan Sontag dedicó años a estudiar cómo la presencia de las cámaras configura la realidad: “Una fotografía no es el mero resultado del encuentro entre un acontecimiento y un fotógrafo; hacer imágenes es un acontecimiento en sí mismo. Nuestra percepción de una situación ahora se articula por las intervenciones de la cámara”.

Registro colectivo
. Las fotografías inundan la Web. En Flickr.com no es tan importante cada imagen en sí como el contexto y clasificación donde son publicadas. Cada fotografía cuenta con múltiples tipos de categorización: tema, lugar, objeto, ocasión, fotógrafo y hasta modelo de cámara utilizada. Es posible acceder, por ejemplo, a los cientos de miles de miradas puestas sobre Buenos Aires, circos, plazas, eventos, etc y miles de veces etc. Así se configuran albumes colectivos, públicos y privados a la vez.

Las nuevas tecnologías no sólo han dado lugar a una reorientación de los usos de la fotografía, sino también han transformado sensiblemente la forma en que circulan las imágenes y que interviene el dispositivo cámara en la realidad. Sobre todo porque el acto de tomar una foto se ha convertido en una reacción espontánea para momentos nada especiales, pero que adoptan otra dimensión por el hecho de ser registrados.

No existen casi discusiones sobre los criterios estéticos, artísticos o periodísticos en torno a la fotografía en la Web. Las motivaciones no parecen ser tales para los usuarios de los servicios online, aunque existen ejemplos notables en esos rubros. En el blog de Flickr (blog.flickr.com), se puede ver una selección diaria de las más increíbles fotografías y en la portada de Fotolog.com, una actualización en tiempo real de las imágenes publicadas por los usuarios.

Los historiadores del futuro tendrán información de sobra con tanto material público, aunque deberán reinventar los criterios de selección y filtrado de testimonios. Más de 2 mil millones de fotografías en sólo tres años y en un sólo sitio lo dicen todo. Eso sí, hay que cruzar los dedos y esperar que nadie desenchufe esos servidores. De lo contrario, las fuentes se habrán atomizado como nunca antes y la tarea de investigación será casi un imposible. Una oralidad callada para siempre.