Ficha Pierre Lévy

Pre era eléctrica, a escala planetaria, los dispositivos sociotecnicos constituían el trasfondo de los acontecimientos políticos militares y culturales, pero en lo que McLuhan llamaría la era eléctrica los dispositivos socieiotecncos y otras variables ligadas fundamentalmente a las telecomunicaciones hacen que ese fondo se transforme en un escenario, un escenario mediático.Los dispositivos sociotecnicos, sostiene Pierre Levy, raras veces son discutidos colectivamente, ni responden a decisiones tomadas por los ciudadanos. Levy busca, entonces, pensar en esa apropiación progresiva que da lugar a la tecnodemocracia. Se encarga, fundamentalmente, de las tecnologías del conocimiento, las tecnologías que nos permiten pensar. Y lo que es clave para él: estas tecnologías son un terreno político fundamental porque se organizan -y organizan a- en torno a la vida cotidiana y desde ellas emergen nuevas subjetividades de los grupos. Para adelantarnos, nos preguntamos, o confiemos en que lo lograremos, como nos dijo Daniel Link: ¿podremos lanzarnos a la búsqueda de otras razones, diferentes a la del beneficio, de otras bellezas, diferentes a la del espectáculo? ¿O la apuesta será nuevamente al mercado?

Entonces ahora, con Levy, sabemos que las sociedades llamadas democráticas contienen en sus sistemas sociotecnicos dispositivos políticos para instucionalizar lo social, tal como en las calles, en el congreso, en las grandes empresas. La plena integración de las elecciones técnicas en un proceso de elección democrática –no en el orden del voto en sí, sino mas bien en los procesos cognitivos- es un elemento clave para comprender la mutación de lo político. Veremos por qué…

Levy sostiene que la inclusión de nuevas tecnologías en los espacios públicos tradicionales, la escuela por ejemplo, es un proceso mucho mas extenso y complejo de lo que la política –o los políticos- pueden comprender. Si la inclusión de tecnologías responde a la construcción de imagen de un supuesto progreso o de una gestión a la altura de la modernización tecnocentrica, dice Levy, no se obtendrá otra cosa que una imagen, tal como se buscaba, y no una integración gradual de tecnologías.

En tecnologías de la inteligencia, Levy propone una idea mucho más abierta de las tecnologías, una concepción mas indeterminada de la evolución tecnocultural y una apertura hacia de desagregación inevitable de lo que entendíamos en los ochenta por informática.

Para Levy la técnica no es solo un elemento político sino una micropolítca del acto. Es por eso que le confiere una importancia especial. Levy sostiene que a partir de la metamorfosis de la ecología cognitiva las nuevas tecnologías “desestabilizan los andamios culturales que dirigen nuestra comprensión de lo real”.

Tal como lo vimos con McLuhan, Pierre Levy reconoce la oralidad, la escritura y la informática como tres eras diferenciadas, no disciscontinuas, que conviven, como modos fundamentales de gestión de conocimiento.

Levy se detiene en el concepto de ecología cognitiva para defender la idea de una identidad colectiva de hombres-cosas pensante, como un grupo dinámico que (Des.)organiza singularidades. Levy parte de esto porque se pregunta ¿quién piensa?, y para él la respuesta que debemos dar hoy no puede ser la misma que daba el estructuralismo. ¿Pienso yo? ¿Pensamos nosotros? ¿Piensan las cosas?

Lo que propone Levy es pensar desde donde las categorías comienzan a resquebrajarse, justo cuando el calculo está a la sombra de su margen de error o del resultado colateral, imprevisto, no buscado. Entonces, cómo pensar. Eso sí, algo está claro: el determinismo no es en ningún modo la respuesta.

Levy piensa en las fronteras de las distinciones del Ser. Las formas de ser, de pensar y de conocer están dadas por la época, la cultura y las circunstancias, es decir, por el trascendental histórico. Pero qué pasa cuando las fronteras se convierten en caminos por los cuales fluye el Ser, en los que las distinciones que antes operaban como puertos ahora devienen puente. Una misma cosa.

El ejemplo que tiene a mano Levy para explicar esta conjugación de categorías es la maquina a vapor, que pudo pensarse como objeto técnico pero también como modelo termodinámico para pensar la historia, el psiquismo o la situación del filosofo. Agregamos nosotros, como una nueva forma de diseño urbano también, de arquitectura social.

El punto es que lo que podría estudiarse como un mero objeto técnico en realidad operan en ordenes superiores respecto de “la escena” o las circunstancias poniendo a tambalear las estructuras –o para ser mas precisos las ideas fuerza- que las soportan. Bien, la aparición de ese tipo de dispositivos técnicos hace que una instancia determinada del proceso histórico de venga en “bisagra”, un quiebre, una ruptura que configura un nuevo tipo de humanidad. Un nuevo tipo de humanidad que para Levy requiere estudiar la historia de la inteligencia mas que la de las ideas. Se trata, según el autor, de inteligencias diferentes a como veníamos pensándolas. Levy entiende a la técnica como orden y a lo social, político, económico y cultural como posibles medidas de ese orden. ¿Por qué le importa ese nuevo orden a Levy, esa nueva ecología cognitiva? Pues bien, porque para él ahí está la brújula para el devenir del sujeto, de la razón y de la cultura.

Cuando Levy habla de ecología cognitiva y pone el acento en la técnica de ningún modo se refiere a una técnica en el sentido general ni homogéneo, y mucho menos sostiene que esa técnica determine o funde estructuras sociales definidas o inmóviles. Por el contrario, suscribe a la idea de reorganización permanente, con actores variables en colectivos más o menos estables pero susceptibles al cambio.

Entonces la gran pregunta, la del millón, es saber cómo operan las gramáticas discursivas, cómo es la topología de configuración colectiva y cuáles son los patrones de entrelazamiento de la representación que se rediseñan permanentemente. Resumiendo, la pregunta del millones es ¿cuál es la composición química de este orden si lo pensamos desde la técnica? Foucault se preguntaría, cuáles son los minerales que componen esta nueva episteme.

Pero hay una afirmación que complica del todo. Dice Levy: las técnicas no determinan nada. Provienen de largas cadenas entrecruzadas y ellas mismas solicitan ser interpretadas (pero entonces, ¿las cosas nos piensan a nosotros?), llevadas a nuevos devenires por la subjetividad puesta en acción de los grupos o de los individuos que se apoderan de ellas.

Levy propone lo improbable de un supuesto grado cero de la técnica, tan pregonado por los laboratorios teóricos de la derecha. Pero Levy no se detiene en hacer una lectura de la ideología de la técnica sino que, como ya dijimos, la considera en si un terreno político que ordena de un modo u otro, y ese orden, a la vez es definidos por nosotros. La lógica del conflicto. Las posibilidades y potencialidades en el registro del uso, de la apropiación.

Es por ello que Levy no soslaya las motivaciones que ponen en movimiento a la técnica pero tampoco busca defender una monocausalidad o un determinismo incontrastable. De la misma forma que podemos comprobar un cambio epistemológico, podemos perfectamente identificar cualidades formales en la concepción técnica de lo social que responden a paradigmas anteriores. Una ecología de lo cognitivo nos obliga a botar la idea de discontinuidad, y nos propone, al menos para comenzar, pensar en lo híbrido, en lo simultaneo y en la multideterminación. No solo en lo político.

Para Levy la técnica no es ni buena ni mala, lo que no significa necesariamente atribuirle la condición de neutralidad. En verdad, esas categorías asesinan todo pensamiento. Liquidan lo epistemológico. Levy propone entonces ni condenar ni halagar a la técnica, y nos recomienda no pedirle fines últimos. Creo que también, ya que estamos quemado categorías, podríamos quemar esa: incendien la idea de fines.

No esperemos soluciones de la técnica. Quememos también la idea de soluciones. Porque si la técnica es el medio el orden es el mensaje. Y ese nuevo orden, como advierte con lucidez Levy, contiene aspectos favorables y otros no tanto.

Para avanzar, Levy nos propone sumergir los sistemas técnicos –cuidado acá, no habla solo de técnica sino que piensa en términos de sistemas técnicos, en términos que suponen una ecología- en un devenir colectivo para así poder reconocer lo instituyente, que siempre esta presente al menos en potencia, que a veces logra instituir y que casi nunca vemos. Entonces, en plan de manual, preguntémonos pensando a escala, ¿qué instituye la técnica?

Un ejemplo muy claro de Levy es la comparación entre informática y arquitectura o urbanismo: en lugar de estructurar el espacio físico de las relaciones humanas y de la vida cotidiana, el técnico informático, que nace automatizando el calculo, organiza el espacio de las funciones cognitivas, es decir, captación de información, puesta en memoria, evolución, previsión, decisión, concepción, etc. Para reforzar esta idea, Levy se pregunta: ¿qué se diría de los arquitectos y urbanistas que no tuvieran ninguna noción de sociología, de estética, o de historia del arte?

Los seis principios sobre el hipertexto:1.Principio de metamorfosis: la red hipertextual se encuentra sin cesar en un proceso de reconstrucción y renegociación.

2.Principio de heterogeneidad: Los componentes de sentido, los vínculos y los nodos de una red hipertextual son heterogéneos, El proceso sociotecnico supone múltiples asociaciones entre ellos.

3.Principio de multiplicidad y ajuste de las escalas: El hipertexto se organiza sobre una estructura fractal, es decir que cualquier vinculo o nodo puede revelarse y propagar efectos a escala.

4.Principio de exterioridad: la red no posee unidad orgánica ni motor interno. Ella pende de un exterior indeterminado.

5.Principio de topología: En los hipertextos todo funciona por proximidad, por cercanía. El curso de los fenómenos allí es un asunto de topología, de caminos. La red no esta en el espacio, es el espacio.

6.Principio de movilidad de los centros: la red carece de centro o, mas bien, posee varios centros permanentes que son como tantos otros puntos luminosos perpetuamente móviles.

Citas de Levy:El acto de comunicación define la situación que va a otorgar sentido a los mensajes intercambiados (…) El sentido emerge y se da en situación, siempre es local, fechado, y transitorio

Los cambios en las técnicas de transmisión y tratamiento de los mensajes transforman los ritmos y las modalidades de comunicación. Esto redefine, recodifica.

Cada palabra no solo transforma el estado de excitación de la red semántica, sino que contribuye a construir o a remodelar la topología de la red.

No existe pues la técnica por un lado y el uso por el otro, sino un único hipertexto, una inmensa red fluctuante y complicada de usos, y en eso consiste, precisamente, la técnica.

La red digital: el texto como geometría variable de la imagen animada.

A propósito de una función de los sistemas expertos en los hipertextos, se le podría enseñar a un modulo personal de la terminal a atrapar en la red todos los documentos textuales y audiovisuales susceptibles de interesarnos, luego a jerarquizar, organizar, compactar y paginar los documentos en cuestión según las modalidades de interfaz que mas nos convinieran. Ese reprocesamiento explotaría, tanto como fuera posible, a la codificación digital, y el apoyo que esa codificación le da a los programas de inteligencia artificial. Se obtendrá algo así como periódicos audiovisuales íntegramente personalizados, diferentes para cada uno en función de sus intereses y elecciones.

La digitalización permite el paso de la copia a la modulación.