Elogio de los videojuegos

Escrito para la revista Noticias

Influyen en la educación de los chicos y les aportan habilidades como concentración y colaboración. Por qué los padres deberían apreciarlos.

Si Usted quiere ver a su hijo fracasar, prohíbale los videojuegos. Las consolas y las pantallas no sólo no le están quemando la cabeza y volviéndolo antisocial, lo están haciendo más inteligente y productivo. Es más, quizá, los videojuegos lo estén entrenando para cambiar al mundo. El problema es Usted.

Los desafíos globales actuales, como el hambre, la pobreza, el cambio climático, los conflictos diplomáticos, la obesidad, el crimen, el narcotráfico, el agotamiento de los recursos naturales, entre muchos otros, demandan más súper jugadores como su hijo.

Haga el intento. Supere al padre ignorante y prejuicioso de M’hijo el dotor, la obra teatral escrita en 1903 por el dramaturgo uruguayo Florencio Sánchez. Escape a la tentación de reeditar el enfrentamiento generacional del Diario de la guerra del cerdo de Adolfo Bioy Casares. Necesita entender la situación de otro modo.

No piense en el Pacman o en el Tetris. Los juegos en los que invierte el tiempo su hijo son de otra naturaleza, en red. Algunos son hipersofisticados, como World of Wordcraft, un juego de estrategia que tiene su propia enciclopedia, la segunda más grande del mundo en volumen de información después de la Wikipedia. Sí, la escribe su hijo con sus amigos.

Cuando los niños de hoy tengan 21 años, habrán pasado más tiempo jugando, unas 20 mil horas, que en la escuela. No es una catástrofe cultural. De hecho la lógica de las organizaciones, el trabajo, el consumo, la solución de problemas y las relaciones tienden adoptar lógicas de juego: bonos por productividad, puntos por consumo, alianzas estratégicas. Hasta los bancos hoy piensan con “games mechanics”.

Los videojuegos no son una sede del Tiro Federal en su casa, contribuyen a que su hijo desarrolle características y habilidades con alto valor social y de mercado:

– Atención exclusiva. Su hijo no está alienado. Está concentrado. Tiene un propósito épico, algo muy importante que hacer y por eso su atención es patrimonio exclusivo de esa misión virtual. Está todo el tiempo al borde de un triunfo épico (Epic Win, en la jerga gamer)

– Productividad. Está trabajando duro para cumplir objetivos de corto, mediano y largo plazo. Siente que está cambiando las cosas, que mejora en cada minuto.

– Optimismo urgente. Usted ve sus muecas. No está delirando, está sorteando obstáculos permanentemente, y cada paso que da lo alienta a pensar que el siguiente también es posible.

– Prueba y error. Se equivoca pero no se frustra, aprende. Lo vuelve a intentar. No comete el mismo error. Comparte su experiencia con sus amigos y reflexiona.

– Colaboración. Los juegos le enseñan que él solo no puede. Que necesita confiar en otros y trabajar en conjunto, incluso con sus competidores, para lograr su objetivo.

– Entorno estimulante. La interfaz del juego le provee feedback permanente. Le destaca sus logros, le suma puntos y energía, recursos y posibilidades. Hay una gran zanahoria al final, pero lo importante es que hay muchas zanahorias pequeñas en el camino.

Estamos ante una generación que está recibiendo un riguroso entrenamiento cognitivo fuera de las instituciones, subestimado, frivolizado. En las empresas, la crisis de la autoridad basada en la jerarquía responde en buena medida a esa confusión. No logran capitalizar en la gestión esos nuevos valores subyacentes en la lógica de los juegos.

Los especialistas y los medios le dicen a los padres lo que quieren escuchar y no lo que verdaderamente necesitan. El desafío no es restringir los videojuegos, o sobrevivirlos, es responder a la pregunta sobre cómo aplicar esos valores, no solo en la experiencia virtual, sino también en la vida real.

Una neoyorquina llamada Jane McGonigal (janemcgonigal.com), que diseña videojuegos en el Institute For The Future (iftf.org), está trabajando en eso. Su objetivo personal es que un gamer gane algún día el Premio Nobel de la Paz. Si lo logra será un contundente “Epic Win”.

¿Por qué no replantea su rol en el juego de la vida? De policía virtual a aliado cultural, por ejemplo. Usted también puede lograr un triunfo épico.

Pablo Mancini
Autor de Hackear el Periodismo. Manual de Laboratorio (La Crujía)