El terremoto bitcoin

El tema bitcoin está en boga en las últimas semanas a partir del corralito chipriota, que le pegó duro a los mercados financieros del mundo y disparó el interés por la divisa virtual entre inversores del mundo y entre consumidores de a pie en España (por aquello de protegerse contra una situación similar). Entre tanta información pueden vislumbrarse por lo menos dos visiones interesantes desde donde analizar la “moneda”.

Una primera visión es la netamente económica, dada por gente como Krugman, Sala i Martin, Ryan Avent, Roubini o Llach, que hablan de bitcoin en términos de instrumento financiero o económico, llegando algunos de ellos al punto de analizarla en pie de igualdad con otros instrumentos, sin importar si ven virtudes en ella o solo una burbuja. Claro que están también los escépticos puros y duros.

La segunda visión es de quienes consideran a la bitcoin más como un nuevo fenómeno sísmico del “mundo digital’’ (que es igual a decir el mundo real,¿no @nmavrakis?), un fenómeno llamado a crear nuevos paradigmas.

Sea cual sea el punto de vista, no podemos negar que se está ante el amanecer de un fenómeno cultural, difícil de conmensurar porque todavía estamos en la etapa de experimentación y formación, y digo amanecer porque, aunque la “divisa” existe hace rato, su masificación en las últimas semanas marca un punto de quiebre. Dentro de ese amanecer, la bitcoin ya deja algunos legados importantes.

Entre esos legados, el más importante es la poca importancia dada en la reciente parva de notas a la identidad de Satoshi Nakamoto (lo mejor sobre el tema es, sin dudas, la excelente nota de The New Yorker de 2011, disponible aquí). El desinterés por saber quien es Nakamoto indica que “el banquero central de bitcoin” dejó una creación donde a todos nos interesa más el invento que el inventor, tal cual deseaba él (o ellos, no sabemos). En este sentido, su paper de presentación de bitcoin es de fácil lectura y contundente respecto a sus objetivos.

El segundo legado es que infinidad de economistas no tienen problema en discutir la validez o no de bitcoin como instrumento de inversión a partir de elementos de análisis financieros y económicos (volatilidad, oferta y demanda, inflación y deflación) a la par con tantos otros instrumentos, quizás porque están acostumbrados a analizar objetos abstractos e inmateriales de una manera que gente en otros campos no están.

El tema es que a bitcoin le falta. Hay mucho por mejorar. Los criptologistas y expertos en seguridad informática Matthew Green, Christina Garman, Ian Miers y Aviel Rubin lo señalan con nitidez en un paper que presentarán en mayo, donde proponen incrementar la anonimato de la “divisa”, a pesar de que se supone que el anonimato de bitcoin es uno de sus puntos fuertes. La teoría básica del cuarteto es que el anonimato es tan sólido porque quienes podrían violarlo todavía no lo han intentando y cuando lo hagan lo lograrán. Por ello proponen crear el proyecto Zerocoin, que sería complementaria a bitcoin, no sustitutiva.

Como ejemplo central de esa vulnerabilidad usan otro destacable paper, de Dorit Ron y Adi Shamir, que analiza el uso dado a bitcoin entre 2009 y mayo de 2012. El paper de Ron y Shamir tiene un hallazgo interesantísimo, que podría y debería ser usado como carta ganadora por todos los escépticos que dicen que bitcoin es solo un juguete de especuladores financieros: por lo menos el 55 por ciento de los bitcoin nunca se usaron. O sea, desaparecieron de circulación ni bien se crearon (vale tener en cuenta que por ser hasta mayo de 2012 el estudio no incluye la súper actividad de las últimas semanas y los mismos autores dicen que pueden estar subestimando las cifras y que el porcentaje de bitcoins fuera de circulación podría ser mucho mayor). Parece posible encontrar dos explicaciones a semejante número: o alguien las está guardando o se perdieron. Dado el monto, parece extraño que se hayan perdido.

Entonces, tenemos una “divisa” creada para ser anónima pero que resulta no serlo tanto. Encima, parecería haber evidencia de que es un gran juguete para especuladores. La realidad es que, de cara al futuro, poco importan ambos preceptos porque lo más importante es que un concepto tan radical como una divisa virtual logró instalarse entre nosotros no solo para ser usada sino, más importante aún, para discutir virtudes y defectos. Y hasta que se termine de perfeccionar o sea reemplazada por otro instrumento similar, siempre quedará el humor:

Emily Bell

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Aparte de todos los links, dos muy buenos artículos son éste de Felix Salmon y éste de Alex Mayyasi.