El software libre de Gabriella Coleman

Cuando aplicados al software, los términos libre y abiertos son distintivos, aunque con frecuencia se usan como sinónimos (…) el término software libre enfatiza, ante todo, el derecho a aprender y a acceder al conocimiento, mientras que el código abierto tiende a señalar beneficios prácticos.
(…)
[Los hackers] formulan la libertad como la condición necesaria de los individuos para desarrollar la capacidad de pensamiento crítico y autodesarrollo.

En febrero, América Movil (la dueña de Claro) anunció que apostaba por Firefox para incrementar sus ganancias. Que la empresa del hombre más rico del mundo elija acostarse con productos hechos sin fines de lucro por decenas de voluntarios debería parecer, a primera vista, llamativo, pero más que llamativo es indicativo de la expansión de un cambio cultural e ideológico al que no se le da suficiente lugar ni importancia.

El software libre está en todos lados y motoriza nuestra vidas. Será una verdad de perogrullo pero es una que no podemos cansarnos de repetir. El software libre puede encontrarse detrás de google.com y en Oracle o en el gobierno argentino y en Clarin. La importancia del software libre es tanta para nuestras vidas como lo es cualquiera de las ideologías más dominantes en las que podamos pensar: económicas, políticas, etc.

Sin software libre, nuestras vidas serían otras y su influencia solo irá en aumento, como demuestra la sociedad America Movil-Firefox. ¿Por qué entonces no hay más análisis, más explicaciones, más cobertura de semejante ideología y movimiento? ¿Por qué no hablamos en el día a díad el software libre como quien habla de derecha e izquierda?

Hace falta buscar las respuestas para estas preguntas porque hace falta entender un fenómeno que va mucho más allá de cómo se usan ciertos códigos de programación y ciertos programas de software y que tiene que ver con cómo se vive en sociedad hoy.

Coding Freedom, el primer libro de la impresionante antropóloga Gabriella Coleman, es una piedra de toque excelente para fijarle un marco a ese intento de comprensión porque aborda el trasfondo ideológico del software libre con claridad, convirtiéndolo en uno de los hilos del libro, un libro que es tanto estudio antropológico como un acercamiento para el curioso deseoso de conocer detalles sobre el software libre.

Los desarrolladores de software libre han llegado al punto de tratar la búsqueda del conocimiento y el aprendizaje con una consideración invaluable — como si fuese una actividad casi sagrada, vital para el progreso técnico y esencial para mejorar los talentos individuales.


Coleman divide el libro en tres secciones, cuyas características explica ella misma en el prólogo, de donde las tomo: la primera tiene una visión más histórica y ofrece una visión general al lector sobre el software libre, la segunda ofrece una visión etnográfica detallada sobre la producción de software libre, mientrsa que la tercera encara cuestiones políticas abordadas por el software libre. Algunas de estas partes son interesantes y otras aburridas, el cuál es cuál depende del lector y sus intereses.

Gran parte del libro está dedicado a explicar el posicionamiento ideológico y práctico del software libre ante el concepto de propiedad intelectual y otra gran parte se va en explicar el funcionamiento del desarrollo de Debian (escogido por encima de otros proyectos, en parte, por ser el más grande). Entremedio sobresalen pequeñas perlas, como la importancia dada al humor como un pilar esencial de la cultura hacker (donde se entiende al hacker como el participante de los proyectos de software libre, no como un sujeto que entre a tecladazo limpio a lugares prohibidos). Por abajo de todo subyace el análisis, explicito a veces, implicito otras, de las analogías entre el trabajo de los desarrolladores del software libre y la actividad política que nos reina, de las enseñanzas que pueden ofrecer esos proyectos a la sociedad política y de la experimentación que allí ocurre y que un día puede llegar a tocarnos a todos.

En una era en la cual la identificación con la derecha o la izquierda, con ser conservador o progresista, con frecuencia funciona como un sistema de encarcelamiento ideológico que paraliza la actividad política, el F/OSS ha podido evitar con éxito semejante politización y ghetto-ficación.

Coleman establece diversos conceptos: el software libre incentiva participación activa, pero también puede ser duro con quien no trabaja por su cuenta para aprender; que los desarrolladores, al atacar de frente conceptos legales y aprender sobre leyes, lo que hicieron fue actuar para cambiar el mundo en el que están, más allá de su actividad propia (son programadores que estudian leyes para vivir con o en contra de ellas, ¿cuántas profesiones/oficios hacen ésto en la escala que lo hicieron los desarrolladores durante todos estos años?); los desarrolladores del software libre masificaron, popularizaron y evangelizaron principios éticos propios de ellos más allá de las fronteras de su movimiento (el compartir, la libertad y la colaboración alrededor del producto, pero más aún del conocimiento). Aceptando todos esos conceptos, queda claro la importancia de que haya más libros como Coding Freedom. Queda uno de sus últimos párrafos:

Lo que hace tan interesante a estos proyectos no es como engendran democracia a gran escala, o como cambian de forma fundamental los tejidos de las estructuras económicas y sociales, sino que los colaboradores crean tecnología a la vez que expermientan con la construcción de una mancomunidad social. Es aquí donde el arduo trabajo de la libertad se practica.