El miedo a los bárbaros

¿Quieren ver una escena del pánico a la invasión de los bárbaros? Acá la tienen. Sucedió en el Festival Internacional de Literatura en Buenos Aires y la revista Ñ lo destacó: “Se detectó cierto agotamiento del género blog”, interpretó Andrés Hax de la revista de Clarín.

“El Blog como espectáculo íntimo”. Con ese nombre, el panel del Filba no podía ser otra cosa que una trampa potenciada con el puntapié del periodista de la Revista Ñ, Diego Erlan, que “moderaba”/modelaba el “debate”. Sintetizó: “la gran mayoría de los blogs no tienen nada que contar”. ¡Esa! Vayamos por más.

La apoteosis reaccionaria llegó con Oliverio Coelho, quien rescató el poder de los blogs en los países donde la censura es moneda corriente, pero hasta ahí. Con timidez propuso “pensar el blog como un problema contemporáneo” y después, perdonen la palabra, la cagó del todo: “En países donde hay hiper libertad de expresión, el problema es la banalidad”. Claro, “cualquiera puede participar”.

Que “el chiste” de la red es su arquitectura y no tanto los contenidos, ya debería saberlo, señor escritor. Pero apartemos esta discusión de Coelho, porque no es sólo cosa de él. Todo el tiempo nos cruzamos con personas que se muestran preocupadas por los contenidos de Internet. Algunos apelando al peligro, otros a la frivolidad. También está bastante extendida por algunos circuitos literarios la percepción de que en la red casi no hay ficción, precisamente porque sólo ven los contenidos linealmente.

¡Pero si la red es cada vez más una arquitectura mutante de ficciones distribuidas! ¿Todavía van a pensar los blogs y fotologs como diarios íntimos-públicos? En todo caso, lo que está en discusión, en descomposición, es el canon de la ingeniería de ficciones en una cultura popular inabordable si todo lo virtual o digital es encapsulado en lo no-real y no-ficción.

Que los floguers apunten sus referencias a secuencias simbólicas fuera del canon literario, no los aparta de la ficción, ni de lo real. Que algunos bloguers se hibriden en sus textos, los vuelve cualquier cosa menos una expresión de la banalidad actual.

Hay de todo, pero no encontrar ficción en la red, fuera del cine, o del libro, habla más de la incapacidad de la crítica cultural, de su chatura, y del agotamiento del análisis que se pretende desconectado del objeto de estudio, que de los relatos contemporáneos.

La retórica de los jóvenes guardianes del soporte superviviente hace gala de un desconocimiento atroz de las nuevas arquitecturas participativas y narrativas. Incluso los directivos de las editoriales nos confiesan en privado estar desbordados por el contexto inmonetizable de las nuevas narrativas multiformes, transmedias y distribuidas.

En nada retomamos estos asuntos, pero antes habrá algunos drafts atemporales y un par de entrevistas, que preparamos mientras nos atrincherábamos lejos del feed reader, que durante las últimas semanas se volvió una batería de adulaciones generalizadas al webdoscerismo Obama. Qué embole. Ya pasó.