El lenguaje de los nuevos medios de comunicación (Parte VI)

Interfaces: ¿quién puede pensar sin las malditas ventanas?

En el capítulo sobre las Interfaces del libro El lenguaje de los nuevos medios, Lev Manovich plantea el problema actual de las interfaces de hace veinte años que comentamos aquí hace unas semanas.

Siguiendo la importancia cultural que Stephen Johnson en Interface Culture le otorga a las interfaces, Manovich las rescata especialmente en este capítulo del libro, donde el autor se sirve de la semiótica pero no se limita a ella y lo epistemológico e ideológico conforman el centro del análisis.

La perspectiva semiótica dirá que la interfaz actúa como un código que transporta mensajes culturales en soportes diversos. Aquí es donde el autor vuelve sobre una de las discusiones que tanto ha ocupado a teóricos y profesores de la comunicación. Mientras increíblemente la neutralidad del código es para algunos menos una imposibilidad que un propósito fatuo, Manovich le escapa a esa ingenuidad y lo dice con claridad: “un código puede también suministrar su propio modelo de mundo, su sistema lógico e ideología, y los mensajes culturales o los lenguajes enteros que se creen posteriormente en ese código se verán limitados por ese modelo, sistema o ideología que lo acompaña”.

Dicho esto, las cosas se pueden pensar mejor, de manera más realista, porque se trata de entender cómo es ese proceso y no sólo si efectivamente ocurre, en el que la interfaz modela los modos en que el usuario concibe la computadora. Este punto es clave para la tesis de Manovich sobre la base de datos como forma cultural emergente, porque si estamos de acuerdo con lo anterior sabremos también que la interfaz influye el modo en que el usuario piensa los objetos mediáticos a los que accede.

Esto es interesantisimo y cualquier usuario de Windows, que se haya cambiado a Mac o a Linux, sabe de qué estamos hablado. Incluso a sabiendas que en esos tres entornos no nos salimos de la metáfora de las ventanas. Las aplicaciones web 2.0 podrían ser otra aproximación práctica a este tema. O bien la diferencia entre el Internet Explorer y el Firefox.

Lejos de ser una ventana transparente a los datos que alberga el ordenador, la interfaz nos llega con sus propios y potentes mensajes.

En el caso de la interfaz, y como en el de todos los lenguajes culturales, unas pocas posibilidades aparecen realmente viables en un momento histórico dado y resulta muy difícil pensar desprendiéndonos, por ejemplo, del acotadisimo grupo de gramáticas y metáforas que actualmente utilizamos. En ese sentido, ¿quién puede pensar sin las malditas ventanas?

Uno de las características que más resalta del libro de Manovich es que el autor elabora todo tipo de paralelismos entre los nuevos medios y aquellos que los precedieron. El cine es la elección preferida al momento de demostrar que muchas de las propiedades mediáticas que logramos ver con los nuevos medios ya estaban presentes en otros anteriores.

Así, por ejemplo, reunidos en la computadora, la interfaz de usuario, el cine y la palabra impresa tiene para Manovich más en común de lo que estamos dispuestos a aceptar cuando sólo intentamos ver lo nuevo, lo nuevo y lo nuevo. La palabra impresa como metalenguaje y la forma cinematográfica como estrategia de acceso y de percepción se ha convertido en el modo de trabajar y de vivir de millones de personas en la era digital, done en realidad la cámara no se mueve: “es la arquitectura del mundo la que esta en movimiento constante, pues cada cilindro esta girando a su propia velocidad. Como consecuencia se funden el mundo y nuestra percepción de él”.

Acá lo importante es entender que el lenguaje de las interfaces culturales se encuentra en su fase inicial, tal como estaba el cine hace cien años. Una vez más, esto recién empieza.