El gran Kerouac

50_kerouac.jpgEl sábado 12 de marzo de 2005 cumpliría 83 años. Pero la muerte se lo llevó joven, a los 47. Jack Kerouac, un escritor clave de la narrativa testimonial estadounidense, que encabezó la Generación Beat desde la primera hora, a fines de años cuarenta y principios de los cincuenta desde la soledad y con su máquina de escribir, viajando de lado a lado por Estados Unidos, es a quien hoy releemos para volver a esas historias deseosas de libertad que nos contó.

La Generación Beat surgió del Renacimiento de San Francisco, tal como él llamó a las experimentaciones literarias que llevaron adelante con sus compañeros de ruta y de vida.

Jack Kerouac nació en Lowell, una pequeña localidad industrial de Massachussets (Estados Unidos), el 12 de marzo 1922. Escribió. Escribía muchísimo. Sus primeras influencias y motivaciones literarias fueron Melville, Theodore Dreiser y, sobre todo, Thomas Wolfe. Alguna vez dijo que para ser escritor hay que dedicarse a eso todo el día, “como un adicto a las anfetas”.

Su nombre original era Jean-Louis Kerouac, descendiente de canadienses francófonos. No aprendió a hablar inglés hasta los seis años: hablaba un dialecto local del francés, el joual. Cuando era muy joven se destacó como deportista en el fútbol americano, y por eso ganó una beca para la Universidad de Columbia, en Nueva York. Pero debido a una lesión en una pierna y una discusión con su entrenador, además de que no se llevaba muy bien con la universidad, se frustró su carrera y se enroló en la marina mercante.

Kerouac es la figura por antonomasia de lo que se conoció como la generación beat, que surgió del Renacimiento de San Francisco, para convertirse en un autor ineludible de la narrativa estadounidense. A decir verdad, él fue la figura clave de los beats, pero el triunvirato impulsor se completa con William Burroughs y Allen Ginsberg, novelista el primero y poeta el segundo.

La primera novela que publicó Kerouac fue The Town and de City, pero la explosión  de los chicos de Frisco se produjo en 1957 con la aparición de En el camino y del poema “Aullido“, de Ginsberg.

El éxito inmediato de En el camino y “Aullido” coloca a los beats en el centro del debate cultural. Y los palos llegan desde la izquierda y la derecha. John Updike parodia cruelmente a Kerouac; Kenneth Rexroth les retira su apoyo al considerar que la moda beat eclipsa el proyecto de disidencia político-cultural germinado en San Francisco. La revista Life también al ataque: “son pequeños estafadores pasivos, excéntricos solitarios, personas que odian a las madres y a los policías, exhibicionistas de sonrisas groseras y bongós dos veces empeñados, escritores que no pueden escribir, pintores que no pueden pintar, bailarines con desafortunadas disfunciones en los tobillos (…) personas muy parecidas a las que en los años treinta repartían panfletos para los comunistas”.

Kerouac y Ginsberg fueron calificados por esos años, en la década del 50, como autores de un solo libro. Se habló de desgramaticalización y prosa descompuesta. Se dijo también que el asunto beat era una mera cuestión publicitaria. En Estados Unidos se los comparó con la generación perdida (lost generation) y en Europa con el existencialismo francés. Los críticos dijeron muchas cosas, entre otras que la prosa de Kerouac era un burdo intento de lo que ya había experimentado el automatismo surrealista. Por su parte, Kerouac no se quedó callado, aunque le fastidiaba dar explicaciones. Desafió los principios fundamentales de la literatura; él mismo hablaba sobre los principios de la prosa instantánea. Sostuvo hasta el hartazgo que el escritor debe escribir para satisfacerse a sí mismo, y que ese es el único camino para satisfacer al lector. La prosa de Kerouac podría ser tildada de irracional; hay coincidencia respecto de que no se funda en principios filosóficos sino que ese método animal de escribir “hasta que duela la mano” está más relacionado con lo fisiológico. No es casual que los beat, y los beatniks “que eran sus seguidores/lectores- hayan sostenido, pese a estar muy relacionados con las universidades -como estudiantes al principio y luego como conferencistas” una actitud antiintelectual no basada en la vida sino más precisamente en la intensidad de esta, en la realidad física y en la experiencia.

En algunas entrevistas que concedió Kerouac se da el gusto de tomarle el pelo a la prensa; expresaba con claridad sus teorías formales, o su odio hacia los editores que arruinaban la espontaneidad con la camisa de fuerza de la puntuación estándar (“Malcolm Cowley hizo infinitas revisiones e insertó miles de comas innecesarias como, digamos, Cheyenne, Wyoming ‘¡por qué no decir simplemente Cheyenne Wyoming!'”).

También dijo alguna vez: No voy a pasar el resto de mi vida sonriendo y estrechando manos y enviando y recibiendo perogrulladas, como un candidato a funcionario político, porque yo soy escritor… mi mente tiene que estar sola, como la de Greta Garbo“.

La generación beat de alguna manera supo montar su propio sistema simbólico. No contra el sistema, sino por fuera de él. Esa era la idea. Porque los beats no sólo escribieron: sobre todo vivieron, y vivieron mucho y rápido. Se ocuparon de, a su manera, idear su modo de vida, otra estética, la experimentación constante en todas las materias de la comunicación. Se dieron el lujo, o tuvieron el coraje, de probar y errar, de hacer lo que sentían artísticamente.

El grupo beat inicial estaba formado por Jack Kerouac, Neal Cassady, William Burroughs, Herbert Huncke, John Clellon Holmes y Allen Ginsberg. En 1948 se unieron Carl Salomon y Philip Lamantia; en 1950 Gregory Corso; y en 1954 Lawrence Ferlinghetti y Peter Orlovsky.

Su energía desbordó hacia los movimientos juveniles de aquella época (On the Road “En el camino” de Kerouac (1957) asumió carácter de manifiesto universal de una juventud que quería huir de lo establecido), y fue absorbida por la cultura de masas y por la clase media hacia finales de los años cincuenta y principios de los sesenta.

Los chicos de Frisco tomaron al jazz y lo hicieron suyo cada noche, y del bop tomaron su espontaneidad, ligada directamente con la forma de escribir y hablar y de pasar la vida viendo qué se presenta. Las posibilidades de creación espontánea y de improvisación es lo que los atrajo hacia el bop. El bop es un tipo de jazz que rechaza y le escapa a la melodía convencional, de ahí que si leemos algunos análisis sobre la prosa de Kerouac comprenderemos por qué se lo compara con el gran Charlie “Bird” Parker. Como decía Allen Ginsberg: el jazz no tuvo miedo de ser adoptado por una generación que hizo lo imposible por el hedonismo y por la tolerancia social y literaria.

Una novela muy bonita (y dicen que autobiográfica) que publicó Kerouac es Los subterráneos (1958). En ella, nuestro escritor pinta precisamente esa América subterránea, drogadicta, sexual, desolada, desinhibida, lejana a la aristocracia, llena de noches urbanas con jazz, y las grandes desilusiones que convivían con las ilusiones domésticas de una buena comida o de visitar a un amigo. Para quienes puedan conseguirla, Los subterráneosNuestra vida comienza de noche fue dirigida por Ronald McDougall y protagonizada por Leslie Caron y Jack Peppard.

Los vagabundos del dharma (1958) es una novela situada en California y es la obra en la que Kerouac quiso teorizar sobre el budismo y la filosofía zen (él se había declarado budista y la mayoría de los beats tenía cierto interés por las filosofías orientales). El “dharma” es el auténtico significado de la vida y lo que el autor busca en sus viajes sin destino con personas que encuentra ocasionalmente por ahí, haciendo autostop por Norteamérica, durmiendo al aire libre, y pasando una Navidad prácticamente solo. Es una novela como las otras de Kerouac, probablemente también como lo fue su vida: llena de poesía y alcohol, marihuana y naturaleza, y la fraternidad por sobre todo, como lo único digno de preservar.

Big Sur (1962) es una novela que está estrechamente relacionada con la naturaleza. En esta obra Kerouac ya se proclama o reconoce como autor famoso y lo fastidia serlo. Como en todas sus novelas, como en su corta vida, en Big Sur encontramos viajes, idas, vueltas, y nunca un destino, porque “como se sabe” los beat buscan pero no saben qué. El resultado del libro, una experiencia de la soledad y con la naturaleza, es un maravilloso e iluminador poema “acuático” que puede leerse sobre el final y que Jack tituló “Big Sur”. En la traducción castellana de ese libro el poema fue dejado en inglés, por su carácter onomatopéyico e intraducible.

Kerouac y el Renacimiento de San Francisco tenían una concepción de la vida típica de los movimientos juveniles, que después se llamaría posmoderna, pero que en muchos aspectos era premoderna: una nueva expresión del viejo romanticismo, un revival del wondervogel, con sus mismos rasgos, el repudio a la sociedad moderna industrial, a la técnica y la ciencia, la visión apocalíptica de la historia, la exaltación de la fantasía en contra de la razón.

El movimiento de la generación beat estaba bien lejos del intelectualismo europeo y del ascetismo de Huxley, aunque con este tenían en común el orientalismo y la droga. Las drogas, las religiones “principalmente orientales”, los viajes “principalmente a México, Tánger o la India”, el jazz, como dijimos sobre todo el (be)bop, el sexo “incluida la homosexualidad”, y la literatura espontánea eran constitutivos del colectivo. Kerouac, por ejemplo, participó de las experiencias con mescalina que hacía el doctor Timothy Learly en la Universidad de Harvard.

Los beat fueron, como me gusta decir, los “prehippies”, pues es en la experiencia de la generación beatnik donde podemos rastrear y reconocer las ideas y modos de vida hippies que llegarían en los 60.

Leer a los beats y a Kerouac en particular es acceder a un mundo que va por la banquina o que viaja a dedo en la ruta oficial. Según los beats, que así se llamaron por “golpeados” o “pateados” (esta podría ser una traducción), ellos no son como la generación perdida de principios del siglo XX, cuando todos los avances de la ciencia se ven frustrados por la Primera Guerra Mundial, sino que nacen pateados, perdidos; sus vidas comienzan arruinadas. Alcanzan su juventud tras la Segunda Guerra Mundial; crecen con la bomba atómica. En esa instancia del proceso histórico están inmersos los beats, y dan una batalla distinta, en la que escribir, escribir y escribir es la estrategia elegida para construir fraternidad y placer, levantar la bandera de la amistad por sobre toda etapa de la vida, el aire libre, la música, la poesía, el amor y siempre, pero siempre, la libertad.

Para terminar, y volviendo a Kerouac “a quien recordamos en estos días por su cumpleaños, pero a quien releemos siempre” digamos cuál fue el plan literario que sus editores “y la muerte, el 21 de octubre de 1969″ le impidieron continuar: como por objeciones de sus editores Kerouac se había visto obligado a cambiar los nombres de sus personajes en todas sus novelas “que son más que las aquí nombradas-, tenía planes de recopilar toda su obra durante su vejez, con nombres uniformes.