Los medios: centros neurálgicos de redes comerciales

No descubre la pólvora Chris Anderson cuando dice, en una entrevista publicada hoy, que los diarios deben encontrar “la mascota para su pingüino”, jugando con el concepto del Club Pinguin, el juego online de Disney, donde los usuarios pueden participar grátis pero deben pagar para acceder a ciertos a niveles y chiches especiales.

A lo que apunta Anderson con ésto es que los diarios deben decidir qué productos entregan grátis y cuáles venden. A la larga, el modelo Wall Street Journal, con un poco grátis y mucho pago, se impondrá a en la web, dice Anderson. Aquí es donde el capo de Wired parece simplificar el abanico de alternativas posibles.

Tanto Kevin Anderson como Aron Pilhfoer hablaron con Amphibia sobre empredimientos del Guardian y el New York Times para generar fondos con servicios y productos añadidos, e incluso ajenos, a la información pura. Pareciera que a través de ese tipo de búsquedas es más viable encontrar réditos financieros que a través de la adopción masiva del modelo “freemimum” del WSJ y el Financial Times. Con esta primera propuesta de Chris Anderson volvemos a lo de siempre: es más dificil cobrar por contenido generalista que por el financiero, aunque no imposible.

De apuntar al freemium lo que quizá sí deberían hacer los medios generalistas es buscar producir información de nicho y categoría que hoy no tienen, información por la que alguien pagaría. Para eso, la mayoría necesita inventar nichos, misión factible por más que no lo parezca. Si Clarín creó sus zonales y suplementos temáticos (como Clarín Rural) y si tantos españoles publican ediciones regionales, ¿por qué los medios digitales actuales no podrían crear contenido dirigido a, por ejemplo, un determinado sector industrial? ¿Acaso no podrían mantener sub-sitios para ofrecer cobertura de petróleo o agro o para servir a escuela? Sería cuestión de crear la oferta, pero también de fomentar la demanda.

Si crear el nicho es demasiado complicado o engorroso, también pueden abrirse hacia otra clase de servicios, como un catálogo para celulares que compare reseñas y valores de vinos (como mencionaba Pilhofer). Chris Anderson da un ejemplo brillante en este sentido: la revista Golf Digest estudia crear un club de golf para el cual suscriptores al sitio tendrían clases y abonos gratuitos o a precios de descuento.

En resumen, de lo que habla Anderson es del medio periodístico como centro neurálgico de una red comercial. No sólo no es descabellado sino que es lógico. Si alguien descubre cómo cobrar por la información generalista en la web, bienvenido sea, pero esperar ese invento mientras se intenta sobrevivir con la venta de banners y avisos desplegables es suicidio comercial. Ahora bien, aceptar ver al medio como fuente de negocios antes que como fuente de información y agenda implica un cambio de paradigma importante que no todos están dispuestos a enfrentar.