El error de El País es la lección del nuevo paradigma periodístico

Fue tremendo. El País retiró de circulación su edición impresa tras comprobar a través de las redes sociales y en menos de 10 minutos que estaba ante un fiasco descomunal: una captura de pantalla de un video de YouTube había sido vendida como la foto y documento del estado de salud de Hugo Chávez.

Omitiré los detalles que cualquiera podría pensar: si la misma CIA posiblemente no pueda acceder a información sobre el verdadero estado de salud de Chávez, cómo se puede creer que una desconocida agencia accedió a una supuesta foto tomada con un teléfono celular, del hombre más protegido del impenetrable régimen cubano.

La lección no se trata sobre el error de chequear una y otra vez la veracidad de una información. La lección es que los periódicos y medios digitales deben entender que el nuevo paradigma del periodismo está 100% integrado a la colaboración de la audiencia.

Señores, los periodistas no somos tan importantes, ni sabemos tanto. Una marca de prestigio como El País es hoy una vergüenza, como consecuencia de la anacrónica soberbia que envuelve a buena parte de una profesión que todavía cree que impone agendas, que controla los flujos de la información.

El error evidencia que muchos medios todavía piensan que retener una primicia para la edición impresa es una decisión acertada. El error demuestra que cuando llegaron las imágenes, los responsables de su publicación no hicieron una búsqueda en Google y en Twitter; dos días antes, la cadena de TV Venezolana de Televisión había emitido y explicado que circulaba una falsa imagen de Hugo Chávez. Se vio en toda Venezuela en el programa de Walter Martínez.

El error evidencia que las llamadas “integraciones” de redacciones entre papel y digital no han dado frutos, porque los medios siguen publicando noticias sin prestarle la menor atención a las observaciones constantes y correcciones que las audiencias ejecutan.

Ningún medio en el mundo tiene siquiera el 1% de la inteligencia universal que se moviliza en los flujos de contenidos e información de la web.

Ahora bien, este error que El País minimiza y del que se regodean sus competidores, quedará en una anécdota; ningún medio entenderá que lo ocurrido con esa foto falsa es parte del nuevo paradigma periodístico en el que estamos inmersos, pero se resisten a aceptar.

La agenda está en manos del universo digital del que los medios son solamente una pequeña porción, porque el conocimiento se ha vuelto un valor universal cuyo propietario somos todos.

Si El País hubiera puesto la foto a consideración de la audiencia, en los mismos 10 minutos que se desmontó el pufo, el periódico hubiera quedado resguardado y en Eskup y redes sociales hubiera podido destacar el aporte de los que descubrieron la estafa.

La noticia no es el error, la noticia es que la audiencia es mucho más inteligente que los medios y si éstos contaran con los usuarios que consumen información, se haría mejor periodismo.