El código fuente de las redacciones necesita actualizaciones

Las arquitecturas de las redacciones de los diarios online parecen réplicas de las redacciones del siglo XX. La organización de los recursos humanos y tecnológicos es idéntica a la de hace un siglo. El mapa de los perfiles periodísticos, técnicos y comerciales ha sido calcado de los medios industriales. La oferta de los medios digitales (salvo por ser gratuita y más actualizada) no parece poder diferenciarse sustancialmente de la de los diarios en papel.

Hablamos de interfaces, de cómo escribir en un online, de segmentación de audiencias, de SEO y SEM, de interacciones y participación, de adservers y de toda una serie de temas que debemos atender, pero siempre lo hacemos desde el centro del huracán: la organización periodística.

Las redacciones han sido, hasta ahora, el templo incuestionable del periodismo. Y los artífices de la supuesta innovación, sus fieles más conservadores. Si queremos rediseñar nuestra oferta, quizá también resulte necesario actualizar la factoría. ¿Si todas las industrias lo hacen, por qué el periodismo no?

Porque al final, seguimos produciendo lo mismo y la oferta de la industria sigue intacta: noticias, artículos y columnas de opinión, entrevistas, infografías, secciones, espacios publicitarios, espacios de participación e interacción, clasificados, y un poco más de faltas de ortografía.

La integración de redacciones, las reorganizaciones y refundaciones, en ese sentido, parecen cada vez más un pozo ciego desde el que nadie puede ver cómo va a cambiar la rentabilidad de la empresa o la calidad del producto.

Si hasta los proyectos en ciernes de nuevos medios que logran interfaces fuera de serie, o textos grandiosos, caen en la misma solución organizacional: un equipo periodístico diseñado hace un siglo condimentado con programadores. Miren los staff de cualquier medio y lo comprobarán: editor jefe, editores, redactores, cronistas, diseñadores, el comercial de turno, el lugar vacío del corrector despedido durante la última crisis. ¿Sigo?

El código fuente de las redacciones de los medios online ha tenido algunas actualizaciones, es verdad. Si bien hasta ahora hemos sido muy conservadores en la arquitectura de las redacciones, los recursos humanos, la conceptualización de la audiencia y las unidades informativas que ofrecemos a nuestros lectores, hemos podido potenciarnos con la capacidad de actualización y síntesis de contenidos, dinamizado la participación de la audiencia, y beneficiado con los ritmos de edición y corrección.

Sin embargo, los perfiles profesionales que integran las redacciones online tampoco parecen muy distintos de aquellos que hacían periodismo hace unas décadas atrás. Periodistas de oficio (generalmente mayores de 40 años y ocupando puestos jerárquicos), periodistas de formación, comunicadores sociales, inexpertos, formados en otras disciplinas, se imantan a las arquitecturas industriales. ¿Lo peor? Se nos pide lo mismo que hace 50 años, pedimos lo mismo que hace 60 y ofrecemos lo mismo que hace 100.

Quizá por eso se destacan experiencias como las que contaba Rodrigo Orihuela hace unos días, haciéndose eco de un artículo exquisito de New York Magazine, sobre los “Renegade cybergeeks” que, arriesga la revista, estarían salvando a The New York Times siendo lo más parecido a lo que hoy se podría llamar “nuevo periodismo”.

Probablemente Alessandro Baricco llamaría “bárbaros” a Aron Pilhofer, Andrew DeVigal, Steve Duenes, Matthew Ericson y Gabriel Dance, quienes integran ese laboratorio incipiente conocido como Interactive Newsroom Technologies. Un de los últimos outputs que generaron fue la Congress API, herramienta que brinda información casi al minuto sobre los votos de cada diputado y senador y de ambas cámaras en sus totalidades en los Estados Unidos. Con información biográfica de los legisladores, su historial de votación y la historia general de todas las votaciones en las cámaras desde hace por lo menos 26 años. Es decir, lo que en cualquier medio sería la nota menos leída del día, la información menos atractiva de la dieta, los nuevos perfiles del Times apuestan por metabolizarla de otra forma y generar un servicio de transparencia informativa poniendo a la competencia a años luz.

La arquitectura actual del periodismo -los perfiles profesionales, las redacciones, los productos que ofrecemos, los modelos de negocios, todo- continúa siendo muy similar a la de los años ‘50, y parece muy difícil que con una infraestructura así resulte posible sobrevivir en un contexto que nada tiene que ver con aquellos años. Mucho se habla de la crisis de la prensa gráfica, pero ¿la de los online?

El código fuente de las redacciones -online y offline- necesita actualizaciones, para adquirir nuevas funcionalidades y reinventar la oferta. Porque como si se tratara del software, en la industria del periodismo, tarde o temprano, por las buenas o por la malas, vamos a tener que aceptar que ya no existen los productos cerrados, los soportes inmortales ni las audiencias cautivas. Las fotos que tomamos al porvenir siempre salen movidas, pero no es difícil saber que llevarán las de ganar aquellos que logren rediseñar el modelo de organización periodística.

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