El algoritmo salvaje

I
El perfeccionamiento de una mercancía que logre amoldarse a los deseos matemáticamente predecibles de cada consumidor equivale a la construcción de una burbuja cerrada e individual de deseos satisfechos. Lo explica con el necesario didactismo norteamericano Eli Parise en una TED Talk.

II
Exploremos la cuestión de un modo más silvestre en Twitter.
Los episodios están todavía frescos.
Tibios, para mayor precisión.
Es rigurosamente necesario analizar cómo opera una red social específica —Twitter en Argentina, en Buenos Aires, en el final del año 2011 e inicios inmediatos de 2012— alrededor de ciertas cuestiones donde el burbujeo se vuelve incesante y preanuncia un éxito semejante de la algoritmización del deseo.

III
En un ecosistema fuertemente politizado, el ocaso del funcionario Iván Heyn —“manuela de alta complejidad”, lo describió el escritor Jorge Asís— activó una veloz segmentación alrededor de las formas de consumo de una red social. Tras el anuncio de la muerte, se activó una depuración individual, libre y voluntaria de agentes. Una metabolización instantánea de la construcción automática y hermética de burbujas.
La muerte de Heyn es un ejemplo entre muchos otros.
Probablemente el más potente.

La contextualización (porque una burbuja es, por definición, algo aislado de otras burbujas) es la siguiente: durante la misma jornada en la que el arco completo del discurso social online —embriagado con un cinismo no necesariamente heredado de los años noventa*— le soltaba la cadena al sadismo necrofílico del humor negro, esta vez, sobre la novedad del octavo embarazo de una figura televisiva, muere el funcionario gubernamental.

Las intensidades del discurso online, entonces, se invierten. Drásticamente.
Y se activan los algoritmos.
El discurso irónico y sádico invierte sus coordenadas. A veces, incluso, es convocado a la censura.

En algunos casos —“todo documento de cultura es también un documento de barbarie”—, el discurso se obtura y emerge una persecución moralista y medieval. La caza de brujas: el algoritmo salvaje.

IV
Una de las cuestiones en juego —la muerte, bajo cualquiera de sus formas, incluido el suicidio— es demasiado compleja y sus razones pueden juzgarse legítimamente inabordables. «De lo que no se puede hablar, hay que callar» (Tractatus: § 7).

La otra cuestión es más interesante y, en tanto política, materia necesariamente opinable: ¿de qué manera se acumulan y ordenan los discursos politizados —y no necesariamente políticos, eso también es verdad— en la web? ¿Cómo se autogestionan los discursos en un contexto de ordenamiento mercantil de los deseos? (Para continuar leyendo, es necesario escuchar con atención otra vez a Eli Parise).

V
La transparentización social de ese proceso matemático —la construcción de un algoritmo que conozca y se anticipe a nuestros deseos— es uno de los momentos más interesantes de la evolución de la red —o una parte representativa de la red: Twitter— en tanto objeto de consumo en proceso de perfeccionamiento.

Se trata de una mercancía inteligente, aprovechando los márgenes productivos del miedo a la otredad. ¿Cómo pensar la productividad y la construcción de nuevos espacios de discurso bajo las pruebas de este nuevo marco autorregulatorio?

La vida y la muerte filtradas a través del Twitter se traducen en una operación sencilla: acumulación de followers que se alineen en la misma línea de discursos y deseos, eliminación de followers que no se alineen en la misma línea de discursos y deseos.
Una burbuja de filtros, una customización.
Countries del sentido, con guardianes voluntarios en sus puertas.

VI
La cultura es el producto de un cruce. Una exploración hacia lo inesperado. Hacia lo imprevisible bajo la forma exacta de lo nunca antes experimentado. El encuentro con un otro absoluto. Atrapados en perfectas burbujas de consumo material y social, acorralados en la perfección de un algoritmo que preanuncia y satisface todas nuestras expectativas, ¿cómo se limita la experiencia?, ¿cuál es el precio?

Si el estímulo libertario de la web comienza a replicar el estancamiento de las viejas discursividades mediáticas —una de las primeras campanas mortuorias del #findelperiodismo—; si a las posibilidades de infinita diversificación le sobreviene un proceso de disciplinamiento y encierro en el jardín plástico de lo homogéneo… ¿El algoritmo salvaje es el primer paso hacia el solipsismo de una auténtica vida virtual?


*
En Experiencia, Martin Amis arriesga una idea sobre el acortamiento cada vez más intenso del lapso entre una muerte y el humor negro que necesariamente genera. Cuando no hay tiempo entre un sentimiento elaborado alrededor del desconsuelo ante la muerte y la burla de la muerte, lo que surge es la pura ironía: un sentimiento de empatía que ha nacido muerto.