El adolescente rebelde Bitcoin

Ed Matts

El dinero está cambiando, culpa de bitcoin. Ya no podrá ser como fue. Es más, ya no lo es. Bitcoin no es el futuro pero sí un atisbo de lo que será. Es la etapa de juego, rebeldía y maduración que sentará las bases del futuro. La adolescencia de lo que vendrá, para parafrasear el tuit de Ed Matts. El mundo del dinero se da cuenta y actúa, con observación, análisis y experimentación. Así queda demostrado que quienes ven el mundo a través de las finanzas y la economía tienen mejores reflexejos y menos prejuicios y desdén que lo que tuvieron medios impresos y discográficas cuando internet golpeó sus puertas al grito de “Revolución”.

Para haber adolescencia antes debió haber niñez. La hubo. Las divisas virtuales son un viejo sueño de los digerati: Steven Levy lo publicaba como expresión de deseo en diciembre del ’94. ¿Avanzamos mucho o poco? Ambos: poco, porque las divisas virtuales siguen siendo un incertidumbre, con muchas más dudas que certezas; mucho, porque ya son una realidad y no sólo porque el senado de EEUU le dedique tiempo serio de discusión, sino porque es una moneda de cambio capaz de comprar una casa canadiense, un Tesla o, como indica Joseph Weisenthal, cuantías significativas de droga. Quien haya visto The Wire lo sabe: los vendedores de droga son hombres duros que no suelen aceptar sueños como forma de pago. Prefieren el dinero contante y sonante y en los bajos fondos del ciberespacio el bitcion lo es. Que se los pregunten al Dread Pirate Roberts.

Tantas de las dudas planteadas alrededor del boom bitcion ya fueron abordadas por Levy en el ’94 que cabe preguntarnos si no es absurdo seguir con ellas. ¿Qué pasó entremedio? ¿Por qué el tema estuvo tan marginado? Cabe preguntárselo pero poco importa a esta altura. Los cambios están y es hora de enfocarse en ellos. Como también poco importa plantearse si Satoshi Nakamoto es Nick Szabo, Michael Clear o el trío Neal King-Vladimir Oksman-Charles Bry, todos ellos nombrados en un un sitio dedicado a rastrear a las posibles identidades del misterioso inventor. ¿Para qué revelar su identidad? ¿Un nombre cambiará en algo el futuro? ¿Un nombre frenará la evolución? Parece improbable. Aunque el descubrimiento de la identidad real detrás del seudónimo quizás sí sirva para que algún día un comité sueco pueda entregar un premio a la economía.

Con identificación o sin ella, hay un verdad inapelable: no sirve encandilarse con bitcoin en sí mismo. Cualquiera de las otras monedas virtuales (Litecoin, Peercoin, Namecoin, etc) también sirven para el análisis. Como pasó con Twitter or Blogger o tantos otros servicios: el nombre mismo es solo una etiqueta, lo interesante es lo subyacente, el nuevo modelo, el cambio de cultura y comportamiento. Por eso que debemos prestar atención. Sino un día, sin darnos cuenta, lo nuevo habrá llegado y ni nos habremos enterado.