El abecé de la web 2.0 y la transformación de los ‘mass media’

Durante las últimas semanas algunas decenas de usuarios del portal educ.ar han solicitado información, enlaces y ejemplos sobre la web 2.0. El tema es complejo y se dan, especialmente en la blogosfera, múltiples debates sobre el tema. Hasta el nombre es discutido. Sea como fuere, publiqué las principales –no las únicas- características de estas herramientas que prometen reinventar los usos de la web, abrir nuevos modelos de negocios y que, a su vez, generan nuevas preguntas respecto a la relación que tenemos con la información, la seguridad de los datos y la privacidad. La nota en educ.ar y a continuación:

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Las aplicaciones web 2.0 se caracterizan por brindar el acceso por medio de un navegador. Hasta hora, cuando necesitábamos editar una imagen, escribir, editar un audio o un video, leer mails o feeds de RSS, utilizar un calendario, entre otras cosas, instalábamos programas en la computadora. Lo seguimos haciendo, claro.

Las aplicaciones web 2.0 vienen a ofrecer todo en línea. El corazón del concepto de la Web 2.0 es no instalar programas, sino usarlos online: escribir una dirección en el navegador y desde allí acceder a la aplicación. Es más, el horizonte de estas aplicaciones es ofrecer almacenamiento de datos e incluso interfaces comunes, de tal forma que los usuarios puedan guardar, en una especie de disco duro virtual, la información que han procesado en la aplicación en línea, y que el acceso gráfico sea el mismo para usuarios de diferentes sistemas operativos.

Por ejemplo, y en pocas palabras: un editor de imágenes de esas características se utilizaría desde el navegador (cualquiera: Firefox, Safari, Opera, Internet Explorer, Flock, etc.), permitiría las mismas funciones que cualquier aplicación de escritorio y también guardar los trabajos realizados on line en los servidores de la empresa. Entonces no importaría si estamos en Tokio con una PowerBook, en San Franciso usando Windows o en Buenos Aires desde Linux; en un cibercafé, en casa, en un locutorio, en la escuela o en la casa de un amigo. La interfaz y las prestaciones serían las mismas.

Entonces, el usuario accede a una página web –que no es tal pero que se ve igual– desde un navegador, y tiene acceso a la aplicación.

En general, ante la idea de Web 2.0, que también incluye los dominios semánticos, hay mucho ruido y pocas nueces, pese a que ya existen cientos de aplicaciones en línea que se involucran en la tendencia.

En medio de todo esto las empresas y los usuarios tienen distintos intereses.

Para las compañías prestadoras los potenciales modelos de negocios se ven tentadores. Servicios pagos podrían ser gratuitos e incluir publicidad, alcanzando cada vez una mayor cantidad de usuarios. Sin embargo, de no contar con la capacidad tecnológica suficiente, una aplicación web 2.0 podría ser lenta (como muchas lo son) y consecuentemente fracasar (como muchas lo harán, entre ellas también aquellas que no sean súper simples de usar).

Para el usuario se abren algunos beneficios, como la posibilidad de acceder a servicios que hoy son pagos, ampliando su capacidad de uso. Por otra parte, dejaría de ser una variable clave con qué computadora cuente el usuario, porque no necesitará gran capacidad tecnológica para usar programas que hoy la demandan. Una poderosa conexión a internet sería lo más importante. Pero cuidado, con estas herramientas y con el almacenamiento de datos relacionados a los usos, se inauguran nuevas discusiones sobre la seguridad y la privacidad. Porque como muchos ya han manifestado, a futuro, las aplicaciones web 2.0 implican que los usuarios deleguen el almacenamiento –con la seguridad y privacidad que debería conllevar- a las empresas.

Algunos ejemplos de aplicaciones web 2.0 en ciernes son Gmail (webmail con capacidad ilimitada), Google Calendar (calendario y agenda), Writely (procesador de textos), Flickr (almacentamiento de imágenes), Del.icio.us (para compartir favoritos), Kayak (un buscador de vuelos), StreamLoad (un disco duro virtual de 25 Gigas), Bloglines o Google Reader (lectores de feeds), ThinkFree.com (suite ofimática). Pero no se conformen con estos ejemplos, porque hay aplicaciones web 2.0 para lo que se les ocurra, con rendimiento variado, por supuesto. Listados sobre esas tecnologías sobran. Algunos son 900, 200 y 223. También web2.0awards.org, 300 servicios 2.0 en 35 categorías.

Sí o sí, lo que no se puede perder de vista cuando de aplicaciones web 2.0 se trata es el último baremo del éxito comunicativo: la facilidad de uso, y la información como solución y no como problema, tal como señaló Alejandro Piscitelli en Por qué la Web 2.0 no se convertirá nunca en los Medios 2.0.

La integración de aplicaciones web 2.0 es otra de las tendencias clave en la Web. Pero lo que ocurre en ese sentido es que pocas empresas pueden prestar ese servicio, que es una de las claras líneas de trabajo de Google, que integra en su Desktop Ajax sus múltiples aplicaciones personalizadas. La reciente integración de Gmail y Google Calendar es también un buen ejemplo de lo que estamos hablando.

Los medios tradicionales de comunicación también buscan encauzarse en la Web 2.0. Integrar aplicaciones de esas características a sus ediciones digitales probablemente pueda inscribir la tan pregonada interactividad que pocos han podido comprender y traducir en un proyecto.

Involucrar a los usuarios, que no sólo accedan al medio sino que también sean parte de él, no tanto rompiendo las asimetrías editoriales como integrando su voz y sumándose a la producción de contenidos: se trata del modelo conversacional de los nuevos medios.

Ejemplos sobran, buenos y malos. Guardian Unlimited, entre los primeros, y su nuevo proyecto Comment is free, una plataforma de blogs que agrega contenidos de especialistas, empleados del diario y de los lectores.

Una experiencia que nadie olvida, entre las catastróficas intenciones de modernización de los medios, fue cuando el Wikitorial de LA Times no tuvo otra opción que ser clausurado, luego de que los usuarios lo vandalizaran, sin dejar lugar a la edición ni la corrección.

En este proceso de experimentación en que los medios de comunicación tradicionales toman y resignifican algunas de las aplicaciones web 2.0, no podemos dejar de mencionar a la cadena de noticias BBC.

Recientemente, la BBC lanzó Create with the BBC, una asombrosa plataforma interactiva que invita a “crear con la BBC” y que permite, entre otras cosas, crear ringtones para teléfonos celulares, producir cortometrajes y compartirlos y componer y escuchar música.

La pregunta es por qué una cadena de noticias se embarca en semejante proyecto, por qué le interesa abrir plataformas productivas para los usuarios. Por qué los usuarios se registran en esas plataformas e intervienen en una comunidad. La fusión de la información con el entretenimiento es uno de los negocios más lucrativos para las empresas periodísticas, pero esa explicación además de ser acertada es incompleta. Porque los cambios de modelos de negocios y su relación con los usos de las tecnologías, las nuevas formas de sociación y la informacionalización de las sociedades es algo tan complejo y simbiótico como la red misma. Estamos en un momento pivote, en un proceso de transición en el que los medios tradicionales de comunicación se están embarcando en la migración digital que los reubicará en la sociedad.
La imagen de este post fue generada con una variante de la aplicación 2.0 Flickr.com, que permite escribir con las imágenes que almacena el servicio. Spell with flickr.