Curiosity para medios

Luego de viajar 560 millones de kilómetros, lo primero que hizo el Curiosity cuando llegó a Marte fue actualizar su sistema operativo. Es claro, el software que le permitió llegar al planeta rojo no es el mismo que necesita para explorarlo. Requiere actualizaciones, modificaciones, nuevas versiones funcionales, para cumplir su misión. La NASA definió a este proceso, que duró cuatro días, como un “transplante de cerebro”. El Curiosity cuenta con ventaja respecto de nosotros: sabía de antemano que se dirigía hacia un lugar desconocido. Si se hubiere llamado Certainty ya hubiese explotado, o al menos sería la primera chatarra en ese planeta. Linda forma de llegar.

Los medios del futuro son plataformas que expresan la apertura, la flexibilidad y la curiosidad de quienes los producen, al mismo tiempo que incorporan el conocimiento de quienes los consumen. Si los medios no empiezan a asumir que el público sabe y decide, piensa, infiere y elige, que tiene cierta -ahí vamos- autonomía, no es posible avanzar en una interpretación de audiencias que son, de hecho, desconocidas e inestables. Mutantes. Ajenas. Autónomas.

Partir de que sabemos y la audiencia no, es encontrar rápidamente el peor destino. Es llegar a Marte sin curiosidad, sabiendo qué se encontrará. En ese caso, sólo encontraríamos lo que buscamos, y nada de todo lo demás.

La NASA no cayó en cuenta de que debía cambiar el sistema operativo del Curiosity cuando el robot llegó a Marte. Planificó hacerlo. Entendió que llegar no sería suficiente. Qué privilegio el de algunos entender que no saben, el de prepararse para el cambio, el de aprender. Aun habiendo llegado a Marte.

Si en los medios pudiésemos viajar, juguemos, no 560 millones de kilómetros, sino unos 50 años, desde 1960 hacia el 2012, y hacernos un “transplante de cerebro” en cuatro días ¿haríamos lo que estamos haciendo? ¿Produciríamos medios con las tecnologías del siglo XXI para supuestas audiencias estables del siglo XX?

Quizás descubriríamos que los públicos del 2012 son muy diferentes a los de hace sólo unas décadas. Los estudiaríamos como marcianos para tratar de entenderlos y así ofrecerles un mejor periodismo y mejores medios. O mejor: caeríamos en cuenta de que los “marcianos” somos nosotros y que allá afuera hay personas arreglándoselas para desarrollar su curiosidad.