Copiapó Mining Disaster 2010

“Más de 600 millones de búsquedas en
Google desde el martes hasta el viernes”

I
Algunas lecciones más sobre el #findelperiodismo. Pero no en su veta ideológica sino técnica. Que es, promediando el cercenamiento de la primera década del siglo veintiuno, la veta más pasmosa y lacrimógina de un final. El subject es el desastre minero de Chile. Epifenómeno menor de un tema ligeramente más extenso en su versión aletargadamente tercermundista: esto es, los modos en que las empresas mineras llevan adelante la explotación prácticamente impune de sus empleados –temario productivo para los Bee Gees–, en concomitancia con las vanas ilusiones mediáticas de una historia sustentable y renovable.

II
La mera mención del subject implica el acto de recordar. El “evento histórico”, el “acontecimiento emocionante”, fue prácticamente diluido del imaginario mediático en sólo una semana. La lección técnica del #findelperiodismo redunda en que ya no son los medios aquellas entidades capaces de designar qué es un tema de interés –aquelllo “histórico”, aquello “emocionante”– sino apenas aquellas entidades obligadas a ofrecer un sostenimiento técnico –siempre fugaz– de una demanda caprichosa y errática.

III
Con permiso de Mr. Jones, creemos que el subject minero expone una nueva máxima:

A mayor construcción discursiva de una “eventualidad histórica memorable y perdurable” desde las maquinarias mediáticas, menor el tiempo en que el evento per se persiste como auténtico elemento de interés para los flujos de público. La prueba está a la vista: unas 48 horas después del “histórico y emotivo rescate”, el tema había quedado olvidado.

Esto no habla de un empobrecimiento en la caracterización sincrónica de aquello a considerar histórico, sino del modo cada vez más acelerado en que los medios se ven impedidos de inventar de un modo sustentable y renovable sus propios eventos históricos.

IV
En tanto despliegue técnico –cámaras, móviles, reporteros, fotógrafos, corresponsales– también habrá que conservar como postal del #findelperiodismo lo que probablemente será la última gran cobertura tradicional de un evento. Y por tradicional queremos decir: lo obsoleto y casi deminónico de las presencias in situ, las inversiones en recursos técnicos materiales añejos y –en especial, porque se presenta como el factor más tierno– el concepto de la “trasmisión en vivo desde el lugar de los hechos”.

En este sentido técnico, el #findelperiodismo ha atravesado “en vivo y en directo” su terminal fase beckettiana: allí en el desierto sudamericano, senil y derrotado, el periodismo in praesentia aguardaba con sus recursos agotados la posibilidad de construir un hecho donde en realidad sólo había imágenes –limitadas y aburridas y repetidas 33 veces: una monotonía gris acorde a lo que la televisión aún considera entretenimiento– y también silencio –acerca de los motivos por los cuales todo había ocurrido en un principio–. Ese erael verdadero #pozo. El del periodismo, profundizándose cada vez más. En vivo y en directo.

Quien ha recorrido el tendal histórico de fracasos del #findelperiodismo puede suponer que gran parte de la presencia periodística in situ tuviera la expectativa –también decimonónica, pero en su veta amarillista– de un desastre durante el rescate. Aquel era el Godot esperado con ansiedad. Godot que, por supuesto, nunca llegó (fundamentalmente por razones que no analizaremos aquí).

V
No hace falta un doctorado en #periodismo_hackeado para comprender que ya no existen ni los hechos, ni los lugares, ni las trasmisiones en vivo. Existe, en cambio, un flujo constante, errático y casi nunca predecible de eventos –llamarlos “hechos noticiosos” o “información” también sonaría penoso– que se agotan en su propia instantaneidad: esto es, todo aquello que circula, como tal, por la web. Un continuo poliforme que aún al momento de terminar de leer este breve opus sobre el #findelperiodismo habrá vuelto a cambiar una, otra y otra vez.