Convergencia de medios: de dónde viene y qué es (II)

Las referencias a la convergencia mediática desbordan los discursos, inundan las conferencias y se propagan como la peste en redacciones online, agencias de publicidad y departamentos de marketing ligados a empresas de telecomunicaciones. Ni hablar de la academia, que resemantiza el término a gusto y piacere según la época, el gurú de turno y las luces de la cátedra.

Mientras tanto, la convergencia de medios avanza sin pausa, dinamita modelos de negocios y redefine buena parte de las certezas que creemos tener sobre los soportes, los contenidos y, principalmente, sobre las audiencias.

Vamos por partes. El mito del “todo en uno” fue quizá el sueño más profundo de la convergencia. Pero despertamos. Parecía que todo, diarios, TV, radio, cine, todos los medios iban directo hacia las computadoras como único puerto de consumo, pero no fue así. Como sintetiza Henry Jenkins, “la vieja idea de la convergencia era que todos los aparatos convergirían en un aparato central que haría todo por ti. Lo que hoy estamos viendo es el que hardware diverge mientras el contenido converge“.

La convergencia de medios, lejos del “todo en uno”, se sirve de múltiples soportes y herramientas, distribuye contenidos en todo tipo de canales y, en ese proceso “ecológico”, lo que único que sobrevive del medio-emisor es la marca. En el proceso de convergencia de medios, los consumidores se transforman y los medios se minimalizan a la marca.

El acierto de la idea de convergencia de medios, al menos tal como la describe y analiza Jenkins, no es sólo pensar en un contexto donde los consumidores ahora se llaman prosumidores porque también producen contenidos, sino entender el consumo como proceso colectivo, como dinámica cultural que rediseña y redefine a las tecnologías.

La convergencia se produce en el cerebro de los consumidores individuales y mediante sus interacciones sociales. El punto de quiebre de la convergencia de medios no es sólo que los consumidores producen información sino que procesan y metabolizan en forma colectiva los contenidos que circulan por una multiplicidad de soportes, dando lugar a formas de lectura poco exploradas, poco lineales, que Jenkins llama lectura transmedia.

La convergencia de medios es una era más en la ecología de medios y, mal que les pese a muchos, implica una morgue de soportes, un cementerio herramientas. No es el fin de los medios, pero en el camino sí quedan muchas tecnologías obsoletas o en desuso.

Como dice el director del MIT Comparative Media Studies Program, los viejos medios nunca mueren, y ni siquiera se desvanecen. Ningún medio mata al precedente. La TV como medio no va a desaparecer, los diarios como medio tampoco. Pero es muy poco probable que el soporte y las tecnologías que usemos para acceder y producir los contenidos de la TV y de los diarios sigan siendo los mismos que hace algunas décadas.

En ese sentido, un ejemplo cada vez más agresivo es la televisión móvil. Los contenidos televisivos para móviles, los pocos que circulan en el mercado, son por ahora adaptaciones de formatos producidos para el televisor de living del hogar de tal forma que puedan estar disponibles en el teléfono celular. Pero la adaptación es el paso previo a la producción específica. Ocurrió con los diarios online: al principio, la mayoría publicaba la edición impresa más unas pocas noticias creadas para el contexto online. Después de unos años, todos los diarios cuentan con sus versiones digitales donde la edición impresa es apenas una sección marginal de la oferta.

La convergencia de medios no es un proceso lineal para llegar a un resultado y no muestra la misma fuerza en todos los entornos. Es dinámica y responde en gran medida a dos variables: modelos de negocios y articulación de las audiencias como grupos, no como individuos. Por último, la convergencia mediática no implica necesariamente integración y, sobre todo, no es una fórmula mágica contra la crisis, como muchas veces se la invoca.

La cultura de la convergencia es el big bang de los medios. Como le gusta ilustrar a Jenkins, que parece que deja el MIT, donde chocan los viejos y los nuevos medios, donde los medios populares se entrecruzan con los corporativos, donde el poder del productor y el consumidor mediáticos se entrecruzan de maneras impredecibles.

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