Contra la lógica del encargo

Les cuento algo que nos puede servir para pensar nuestro trabajo.

Teresa Amabile, una profesora de Harvard Business School y coautora del libro The Progress Principle: Using Small Wins to Ignite Joy, Engagement, and Creativity at Work, hizo una investigación con resultados muy sugerentes.

Convocó a 23 artistas plásticos profesionales, es decir, pintores, escultores que se ganan la vida con sus obras de arte. Les propuso que seleccionaran, cada uno, 20 obras de su autoría: 10 hechas por encargo y otras 10 que no. La profesora Amabile recibió entonces en total 460 obras.

Luego convocó a un conjunto de expertos en arte: dueños de galerías, directivos de museos, curadores, historiadores del arte, otros artistas, etc. Les dio acceso a las 460 obras sin informarles cuáles eran hechas por encargo y cuáles no. Sólo les propuso que las evalúen.

Las conclusiones que los expertos apuntaron, entre otras cosas, es que el nivel de calidad técnica de la composición de las obras era muy similar entre todas. Pero lo sugerente y significativo es que clasificaron como menos creativas a aquellas obras que – ellos no lo sabían – habían sido creadas por encargo.

Cuando la profesora de Harvard los entrevistó luego de ese análisis, invariablemente todos empezaron a hablar de las “restricciones” que suponen los encargos: que el cuadro sea de tal tamaño, sobre tal tema, que predomine el color tal, etc.

¿Y si está ocurriendo lo mismo en las fábricas de noticias? ¿Y si estamos pidiendo que se produzcan piezas en el marco de un conjunto de restricciones narrativas heredadas de la tradición profesional, por los gustos de los jefes, por la inercia de los soportes, por la mediocridad que resiste al cambio porque “esto siempre fue así”, por la tiranía de la audiencia y de los anunciantes?

¿Cuántas de las últimas 20 cosas que hicimos, notas, fotos, videos y especiales que producimos, páginas que subimos, desarrollos y diseños, fueron hechas por encargo?

La iniciativa sobre lo que hacemos es el primer punto de contacto con la creatividad. El periodismo por encargo, incluso técnicamente impecable, sirve para ganarse la vida. Pero todos sabemos que eso es insuficiente. Que queremos ser mejores.

Un libro que también tiende estos puentes es Hackers & Painters: Big Ideas from the Computer Age, de Paul Graham