Consensos y conflictos

Una de las perspectivas de análisis de las relaciones internacionales, el liberalismo, afirma que los países que comparten este sistema (que es más que un modelo económico: es un sistema de valores) no guerrean entre sí. Para tener paz, lo que se necesita entonces, es adherir a estos valores. La base es puramente contractualista y lockeana: todos los hombres, para preservar nuestra vida y nuestra propiedad, acordamos dejar vivir al otro como quiera (que se arregle como pueda, a un paso), y acordamos firmar un contrato social que nos cuida si nos portamos bien y nos reprime si no respetamos las reglas.

Pensé en liberalismo cuando me preguntaron si hay lucha de clases en Internet. Porque ante esa pregunta, hoy la respuesta es no. Para que haya lucha de clases tienen que existir, entre otras, dos cosas fundamentales: clases y conflicto. En la red no existen ninguna de esas dos cosas. Clases no hay porque el mundo online se construyó desde y para una única clase capaz de acceder a los “medios de producción”, que no son computadoras conectadas a un módem o un router, sino un conjunto de herramientas necesarias para producir, es decir, algo más caro: conocimientos específicos. Y conflicto no hay porque todos los gurúes del cibermundo compraron el paquetito del consenso: en internet hay diálogo, hay conversación, hay gente que se pone de acuerdo, hay tecnologías que nos solucionan la vida. Todo es lindo y pacífico, no hay guerras. La idea es La paz perpetua de Kant.

A partir de esto, hay una reflexión que puede ser más interesante. En términos de producción de contenidos, la lógica de la red no pide consenso. Hay consenso para todo. En esa esfera no preocupa el conflicto. Si no estamos de acuerdo, no necesitamos confrontar, tenemos espacio suficiente para la pluralidad o, simplemente, para ignorar lo que producen los otros.

Sin embargo, donde sí puede haber conflictos y se hace necesario consensuar (incluso en términos de quién se queda con los beneficios económicos) es en la estructura, en la neutralidad de la red, en los usos de la tecnología, en la distribución de soportes, en los estándares, en los contextos. Allí sí hay esperanza de lucha, de opiniones diversas, de confrontación. Porque en los contextos nacen otros actores, que ya no son clases, sino especies. Y son las especies, que se mueven en las estructuras, anfibiamente, las capaces de generar los verdaderos cambios de la red.

Gracias, Mancini.

Foto: niknkimn.