Conociendo las laptop de 100 dólares

El 60% del costo de una computadora laptop se gasta en el marketing, la distribución y las ganancias. Una de las maneras de llegar a los 100 dólares es prescindir de esas cosas.

Negroponte, durante la conferencia de prensa en el Ministerio de Educación el jueves pasado.

La empresa Quanta -que produce la tercera parte de las laptop del mundo- aceptó desarrollarlas. Este proyecto cuenta con más de diez partners para su desarrollo tecnológico, y como países piloto adhirieron Argentina, Brasil, Nigeria, Egipto, India, China y Tailandia.

La semana pasada fue una de las semanas que uno ya no olvidará. Hace mil años leíamos Ser digital y el jueves estábamos frente a Negroponte. Un año atrás nos enterábamos del programa One Laptop per Child (OLPC) y el jueves también tuvimos la oportunidad de encontrarnos ante el prototipo que trajo a la Argentina el fundador del Media Lab del MIT.

Los debates en torno a la inclusión digital, la alfabetización digital y a lo público y lo privado en la Argentina están en el nivel más elemental. Algo así como en el escalón número uno. De ello dan cuenta los informes publicados en los medios sobre el programa One Laptop per Child (OLPC). Encandilados por la cifra -Argentina comprará un millón de laptop para los chicos-, los medios no han podido publicar un sólo artículo que comprenda el proyecto, que lo cuestione con seriedad, o que lo desagregue para informar sobre sus pliegues y la complejidad tecnológica, pedagógica y jurídica que presenta.

El aparato es increíble. El prototipo que Negroponte trajo la semana pasada es mucho más pequeño y liviano de lo que imaginábamos. Está pensado para chicos, claro. Su teclado, por ejemplo, sería infuncional para manos como las nuestras. Las teclas son para dedos y manitos de infantes. Su tamaño es similar al de un cuaderno de primer grado.

La laptop de 100 dólares cuanta con un procesador de 500 MHZ, 1 GB de Memoria Ram, memoria Flash Drive, 4 Puertos USB, soporte Wifi, monitor Color y Blanco y Negro, y Sistema Operativo Linux.

¿Qué quiere decir todo esto? Bien, las características de las laptop están diseñadas en función de los objetivos del programa OLPC. Cuentan con un procesador poderoso, con mucha memoria Ram y con memoria flash dirve. Es decir, la capacidad de almacenamiento de estas computadoras es limitada, porque la energía está puesta en el trabajo en línea y con aplicaciones múltiples. Los puertos USB, por su parte, dan cuenta de la convergencia tecnológica y de concebir a la laptop como una tecnologíca en diálogo con otras. Algo así como una sinergia al servicio del usuario.

Estas laptop soportan wifi. Es decir, están preparadas para conectarse a la web en forma inalámbrica. Por otra parte, cada una de ellas funcionan como un puerto wifi. No importa si un chico la está usando o no, cada laptop se convierte en un router proveedor de conectividad a las maquinas que tiene cerca.

Entonces no necesita cables para conectarse a la web. Pero tampoco los necesita para funcionar. Las laptop que ha ideado Negroponte funcionan “a manija”, con una manivela a la que el usuario debe darle vueltas. Pocos minutos de manivela bastan para que una laptop esté cargada con watts suficientes para durar toda una tarde, por ejemplo.

De todas formas -esto está en evaluación- las laptop podrían funcionar sin la famosa manivela. En tal caso, cada una traería dos baterías para que mientras una se está cargando, la otra pueda ser utilizada. La idea de Negroponte es que el chico deje una batería en la escuela y otra en su hogar, de tal forma que tenga energía para su laptop en todo momento, porque estas computadoras están pensadas para que los chicos se las lleven consigo a sus casas, al colegio, etc.

Las maquinas son para los chicos, no para las escuelas. (ahora vamos sobre ese aspecto, pero antes decimos algo más sobre las baterías) El tema de las baterías está en plena evaluación por dos razones bien obvias: Porque sería un límite para los chicos que no cuentan todo el día con electricidad para poder cargarlas, y porque aumentaría el costo de cada laptop en 3 o 4 dólares.

El programa OLPC prevé que las laptop sean entregadas a los chicos y que ellos las utilicen durante más tiempo que sólo en la escuela. La idea es que se la lleven a sus hogares, que la tengan disponible las 24 hs. Aquí es donde florece como nunca el debate sobre lo publico y lo privado. Los que se creen lucidos advierten: “pero si se las llevan a la casa se pueden romper, mojar; incluso se podrían vender, etc”. Con relación esta discusión -tan infértil como las ideas sobre la inclusión digital de quienes la dan- habría que aclarar dos o tres cuestiones. Algunas tecnológicas y otras culturales.

Las máquinas, si se utilizan, sí, podrían averiarse. Pero, ¿qué vamos a hacer, las vamos a dejar bajo llave para encerrarlas en la burocracia escolar y que los chicos sólo puedan usarlas un par de horas -con suerte- a la semana? Bien, habrá que aceptarlo desde el principio, algunas se van a romper, otras se perderán, y algún día quizá un padre decida vender la maquina que le fue asignada a su chiquito, pero en ninguna medida eso será la norma ni puede ser la discusión que demos. Cada laptop será resistente a los golpes e incluso -como adelantó Negroponte- a la lluvia, y tendrá una presilla similar a las de las botas de esquí para cerrarla.

La proyección que hace Negroponte es que las computadoras se están naturalizando en los entornos cotidianos y que no debería extrañarnos si en una década o un poco más tienen la misma inserción cultural que un lápiz, por ejemplo. Una tecnología totalmente incorporada, como los libros también, necesaria para estudiar.

La otra característica clave del programa OLPC es que las laptop no funcionaran con Windows, ni con el OS X de Apple. Las laptop de 100 dólares usan Linux, y de esto ya hemos hablado.

Si miramos bien, las principales características técnicas de las laptop de 100 dólares están íntimamente ligadas con los objetivos culturales del proyecto. Prescindir de electricidad y de cables para que funcione y se conecte a Internet, que funcionen como routers de contectividad, que sean para los alumnos y no para los colegios, que prioricen la memoria Ram al espacio en disco, que utilicen software libre y no un soft privativo y el precio de 100 dólares, hacen del proyecto OLPC una iniciativa masiva de inclusión digital que reclama inteligencia y equidad a los Estados que se embarquen en la compra de las laptop.

La discusión respecto del proyecto no puede chocar otra vez con los errores de siempre. La imprenta se inventó hace más de 500 años y aun tenemos miles de compatriotas sin saber leer ni escribir. De hecho muchos mueren de hambre, por enfermedades evitables o por no tener acceso al agua potable. Sin embargo, a nadie se le ocurriría decir: “en lugar de imprimir libros compren comida”. Las tecnologías han cambiado el mundo mucho más de lo que estamos dispuestos a aceptar. Hoy debemos pensar todo de nuevo. Lamentablemente, que nuestros niños coman no les va a garantizar poder desarrollarse como personas, educarse ni conseguir un empleo digno. Todas esas son batallas que seguiremos dando, como el primer día. Pero postergar los nuevos desafíos en nombre de las deudas no pagadas es una puerta a la mentira y al pensamiento autocomplaciente.

En el fondo, lo que está emergiendo con las nuevas tecnologías es el grado de derecho sobre el pensamiento y el conocimiento, hasta ahora reservados para una elites.

El programa OLPC, a priori, es una oportunidad sin precedentes para un futuro más equitativo. Eso analiza desde la semana pasado el Comité de Evaluación del Proyecto, desde tres ángulos clave: pedagógico (inserción de la computadora en el aula, recursos educativos a utilizar, etc.), técnico (hardware, software, conectividad) y jurídico-económico (contratación, convenios, flujo financiero, distribución.)

En suma, el proyecto OLPC es un desafío de inteligencia y equidad estatal. Los detalles del programa están bien pensados. Como dijo Negroponte, quizá con ideas ingenuas pero acertadas.

Parecía imposible desarrollar esas laptop, con tanto potencial tecnológico y tan baratas. Hoy parece difícil preparar al sistema educativo, los contenidos, la cultura escolar y la alfabetización digital de los maestros para que el programa se aplique de la mejor manera. Para que así suceda, habrá que trabajar muchísimo, en conjunto, con equidad e inteligencia, dos deudas que aun no salda el Estado.