Comprá un cisne negro y desplatonizate

¿Qué es un cisne negro? Para empezar, es un hecho improbable, sus consecuencias son importantes y todas las explicaciones que se puedan ofrecer a posteriori no tienen en cuenta el azar y sólo buscan encajar lo imprevisible en un modelo perfecto. El éxito de Google y YouTube, y hasta el 11-S, son “cisnes negros”.

El Cisne Negro no es un libro sobre probabilidades. Es un ensayo sobre la ilusión de comprender, sobre la distorsión retrospectiva, sobre la valoración exagerada de la información factual y sobre la fragilidad de los discursos que pretenden explicar, ex post facto, la gestación de los Cisnes Negros. Tampoco propone una resignación cognitiva, claro que no. Ni un relato beatnik de la ciencia. El Cisne Negro expone lo lineales que resultamos, lo predecible que nos volvemos, lo imprudentes que somos para tender un puente caprichoso entre la descripción y la predicción. Pero también se puede leer como un manual de acción. Aun ocupándose de la suerte, lo aleatorio y la incertidumbre, Nassim Taleb es un empírico, como todos nuestros pensadores favoritos.

Nassim Nicholas Taleb explica qué son los Cisnes Negros y da ejemplos, pero la fuerza del libro emerge de donde más le gusta escarbar al científico de la incertidumbre: los problemas de la inducción y la opacidad epistémica. A lo largo de su ensayo, Taleb se explaya sobre por qué confundir una observación ingenua del pasado o del presente con algo definitivo o representativo del futuro es la sola y única causa de nuestra incapacidad para comprender al Cisne Negro.

Taleb es una locomotora retórica que avanza a toda velocidad contra la platonización de los modelos que suponemos exitosos, las herramientas que creemos idóneas, las categorías que aceptamos por acumulación factual. “Disponer de muchos datos no proporciona confirmación, pero un sólo ejemplo puede desconfirmar”, insiste todo el tiempo y muestra por qué.

Uno que ganó fuerte con la crisis. Cualquiera podría suponer que un Cisne Negro reciente es el derrumbe de Wall Street. Nadie lo vio venir, sorprendió a todos y tendrá consecuencias que todavía son muy difíciles de precisar. Como para no golpearse el pecho, entonces, si fuiste el profeta de la catástrofe, mientras un hedge fund llamado Universa basa su estrategia de inversión en los principios de Taleb y cierra octubre con ganancias de entre 65% y 115%.

Pero sacalo de su crítica mordaz a la academia, olvidate de sus reproches al sistema financiero. Si por un momento pensás al Cisne Negro en función de los discursos sobre Internet o sobre los nuevos medios y el periodismo digital, ni hablemos del mundo de la Web 2.0 y sus negocios o de los medios de comunicación, las ideas de Taleb se vuelven cada vez más una crítica arrasadora de los relatos que construimos sobre nosotros mismos.

Platonizando la Web 2.0. No es casual que repentinamente un público inesperado y agradecido de la obra de Taleb sean los emprendedores. Cansados de tanta profecía autocumplida, de los relatos exitistas y de la sobrevaloración de cientos de startsups, burbuja envuelta con el moño de la rentabilidad cero, buscan en las ideas expuestas en El Cisne Negro algunas herramientas conceptuales claras para sobrevivir a la platonización de la Web 2.0 y operar en un mundo cada vez más postplatónico.

Taleb se sorprende, se indigna en realidad, no con la magnitud de nuestros errores de predicción sino con la falta de conciencia que tenemos sobre ellos. Pero, de nuevo, leé El Cisne Negro y pensá un poco en la cantidad de posts que leíste en la blogósfera sobre ¡la crisis nos beneficia!, ¡sólo los proyectos digitales y la Web 2.0 están inmunes al cataclismo financiero! Y en nada, en sólo un par de semanas, la platonización de la Web 2.0 taggeada en los archivos de los supuestos casos de éxtio y entre las loas cantadas a los modelos de rentabilidad cero de tanta red social, se volvió imposible. Los despidos y reducciones ya no se pueden esconder bajo la alfombra, y la crisis que iba a pasar por todos lados menos por casa, se hace evidente. Los grandes clusters de servicios online y las redacciones digitales reducen personal, los fondos de inversión se vuelven aves migratorias en extinción y hasta los usuarios son convocados a rescatar la Web 2.0. Una monedita, por favor.

El Cisne Negro es un protocolo de actuación: “no sobre cómo pensar, sino sobre cómo convertir el pensamiento en acción y descubrir qué conocimientos merecen la pena”. Taleb explica maravillosamente por qué cuando más inesperado sea el éxito de una empresa, menor será el número de sus competidores. No obstante no deja de pensar que un Cisne Negro es también una caja negra cuyo código fuente, aun cuando creemos conocerlo, es un relato más o menos cerrado que nos contamos a nosotros mismos para no enfrentarnos al abismo de lo improbable y de lo que no vemos venir.

El Cisne Negro es un librazo porque, mientras confundimos cada vez más la cantidad de información con certeza y previsibilidad, se detiene en lo que no sabemos y los mecanismos que desarrollamos para no aceptar que muchas veces no aprendemos. Es duro y cruel, y planta un espejo frente a los discursos que levantando la bandera de la innovación se vuelven conservadores hasta lo inenarrable.

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