Cómo [se] piensan los jóvenes profesionales

Cada vez más vemos cómo veinteañeros recién pasados por la universidad o a mitad de camino de sus cursos hacen carrera e inventan sus propias estrategias de negocios. No necesariamente son todos emprendedores, algunos son expresiones de una maquinaria increíble de marketing y autopromoción. Agregan valor a empresas o inventan proyectos que los catapultan. Invaden organizaciones y crean las suyas. Y no me pregunten de qué país estás hablando, porque lo primero que transforman es el mapa. Ahí va:

. No acotan su campo profesional a la ciudad o al país donde crecieron. La red es su territorio, su ecosistema natural.

. No se diferencian por sus habilidades, sino en la forma en que las proyectan y aplican.

. No operan en la división modera semana = trabajo / fin de semana = ocio. Les divierte lo que hacen y ganan dinero haciéndolo, es decir, divirtiéndose.

. Tienen un nivel altísimo de creatividad: no ejecutan tareas con habilidades; reinventan los modos de hacer las cosas remixando competencias.

. Trabajan por objetivos y proyectos; no por horarios.

. Abrazan lo desconocido.

. Disfrutan de las teorías -no de los supositorios-, pero son empíricos.

. Sus prácticas, sin importar en qué rubro operen, tienen más que ver con la axiología de la ética hacker que con el manual de “buen empleado”.

. Se alínean, se juegan, apuestan: saben que no pueden quedar bien con dios y con el diablo y que buena parte de su capital es la confianza que generan.

. ¿Son los mutantes de Baricco? Continuará… [Quizá…]