Cobrar por contenidos

En el mercado de los medios, cobrar por contenidos tiene una pequeña trampa para la audiencia, que siempre se pasa por alto e impide discutir en profundidad sobre lo que verdaderamente se está hablando.

Cuando un medio cobra una suscripción periódica, no está poniendo un precio al contenido. Está poniendo un precio al acceso. La diferencia es sustancial.

La suscripción a una publicación se basa en un contrato: Usted paga por anticipado producciones no realizadas. Se da por sentado que el medio le ofrecerá lo mejor que pueda comprar en el mercado. Pero Usted no está comprando contenido. Está comprando una promesa de contenidos que basa su credibilidad en su reputación. Así funcionan los servicios de agencias de noticias.

El cobro por contenidos estrictamente hablando es una operación mucho más precisa y acotada que pagar en cuotas una visión del mundo. No se trata de hacer una valoración binaria entre lo bueno o lo malo de esos modelos. Sí de distinguirlos y de confundirnos menos.

La amplia mayoría de los paywalls de las empresas periodísticas ofrecen accesos a cierta forma de inteligencia editorial. Los contenidos son el soporte de esa visión del mundo. Quizá ahí radica la resistencia a la fragmentación del producto. La personalización del consumo, la reintermediación y la postmediación promueven otras especies periodísticas. Quienes acierten en las proporciones combinadas…