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Ciberculturas 98,5 %
Por teléfono, hace una semana:
- Cippolini: ¿Pablo?
- Yo: ¿Qué decís?
- Cippolini: Bien, ¿Cómo estás?
- Yo: Están todos confirmados. ¿Pensaste un nombre?
- Cippolini: Sí, 98,5 %.
- Yo: Buenisimo. Pero, ¿Por qué?
- Cippolini: Pablo, el 98,5 % de la red está llena de agujeros. Largamos el miércoles.
- Yo: Listo.

(La foto es de Sin cita)
Gustavo 21:22 on 24 Abril 2008 | #
Jummm!… No te he venido leyendo ultimamente… pero si la cosa es generar expectativa, conmigo lo lograste… (ya sé… tengo el “sí fácil”)
Diego 13:25 on 25 Abril 2008 | #
Me gusta esto en grado máximo, es decir, sin saber porqué.
Diego 18:06 on 25 Abril 2008 | #
Hola Pablo. Me quedé pensando, y me salió esto:
El fin de la Red.
La metáfora de la red creo que ya no alcanza para expresar el crecimiento del sistema molecular de relaciones que (en parte) es. La red se ha antropomorfizado lo suficiente como para perder su distancia de objeto. La relación que tenemos con ella es orgánica. Es, ya nuestra: una relación algo así como pulmonar. Algo con la capacidad de oxigenar como de dejar sin aliento.
Pero vuelvo a la Red. Sentí su clausura metafórica a partir de un posteo que leí en el que se aplica una lectura realmente interesante de esa metáfora: “(…) el 98,5% de la red está llena de agujeros”. Excelente.
¿Qué significan esos agujeros hoy, cuando el sistema es, en gran parte, nosotros mismos? Los agujeros son la parte fundamental de una red, de la misma manera que lo es el agujero de un cañón: no son vacío, no son una nada: son cuerpos de aire por el que fluyen nuestras voluntades. Nada menos.
La red ya no me sirve: esos agujeros por los que fluía mi voluntad, ya no existen. Se disolvieron en las irrefrenables voluntades ajenas. Nos filtramos mutuamente al punto de que el sistema se ha vuelto poroso. Ha trasmutado: de agujero, a poro. Pero el poro no vendría a ser un agujero más pequeño, no. El poro somos nosotros mismos vueltos hacia fuera. Lo que nos atraviesa es el otro. La visión romántica de un yo fragmentado da lugar así a la tecnológica: la de un yo multiplicado.