Blogs: su impacto fuera de la pantalla

Una historia enviada por un lector al blog Pueblo a Pueblo, de Clarín.com, conmovió a los lugareños de San Cristóbal, un pueblito de 15 mil habitantes de la provincia de Santa Fe.

La historia publicada en el blog de Clarín.com generó un encuentro virtual entre pobladores actuales y antiguos: el blog recibió casi 500 comentarios que impulsaron una fiesta popular para fin de año. Tal como relatan en Clarín.com, “muchos ya no viven en San Cristóbal y —aseguran— no podían gambetear las lágrimas al escribir”.

El vinculo a través del blog Pueblo a Pueblo se tradujo enseguida en proyectos y actividades para los sancristobalenses: “Algunos se ‘reencontraron’ por este medio después de años. Se puede mencionar a Gueri Ruiz, de la FM local 92.1, quien difunde los comentarios enviados; Enrique Giussani, cuyo archivo registra la historia del lugar, y el fotógrafo Daniel Callicó. Entre todos le están dando forma a la iniciativa impulsada por Abbá en uno de sus ‘reingresos’ al sitio web: una multitudinaria fiesta programada para el 30 de diciembre en la explanada del ferrocarril (…); también quieren abrir una residencia para universitarios en la capital provincial, uno de los destinos de los jóvenes que se van para estudiar”.

Tanto blog, tanto blog pero miles de historias
Según los indicadores de Technorati, el indexador de blogs más actualizado, en la red existen más de 55 millones de bitácoras. Como se sabe, las hay para todos los gustos y preferencias. Existen blogs educativos, blogs personales, blogs de políticos, de periodistas, de escritores, blogs sobre ciencia, sobre arte, curiosidades, blognovelas, y la lista podría continuar…

Los blogs son –junto con los podcast, los videoblogs, los canales RSS y los mensajes de texto– las tecnologías que más crecen en cantidad usuarios. Y lo que han puesto en evidencia estas tecnologías es que detrás de ellas están las personas, que las utilizan según sus necesidades, propósitos e intereses. Se trata de tecnologías enfocadas a los usuarios y a la conexión entre las personas, al efecto de red social.

Toda una territorialidad que buena parte del tiempo no se manifiesta pero que está ahí y que, de pronto, emerge con fuerza, y logra que nos enteramos de su existencia.

A medida que se multiplican los espacios de publicación conocemos más historias. Y nos enteramos de iniciativas colectivas enredadas entre blogs: esta semana, por ejemplo, se conoció la increíble historia de cómo los ciudadanos pudieron empujar a un municipio español para que cambie la configuración de un semáforo, después de que una veintena de vecinos comentara el asunto en la plataforma de blogs de Portugalete.

Historias como esa, o como la de San Cristóbal, dan cuenta de la extracción territorial y la carga afectiva de los usuarios que están detrás de estas tecnologías.

Hace unas semanas, el director de Diario de Gestión -un portal que le asigna un weblog gratuito a los legisladores nacionales, provinciales y de la ciudad de Buenos Aires-, Eduardo Betas, nos contaba: “Hace poco sucedió algo que da cuenta del potencial de los diarios de gestión de los políticos. Uno de ellos publicó un proyecto de ley de tránsito, y un taxista que entró en ese blog dejó un comentario explicando por qué ese proyecto no era del todo útil. Así las cosas, el legislador se puso a conversar con esa persona, y a discutir el tema. ¿A qué llevó esa conversación?: el proyecto fue modificado. Sin esa conversación quizá no hubiera sido posible”.

Cuando entrevistamos a Francis Pisani, uno de los periodistas más actualizados en temas de internet, nos decía, respecto de estas tecnologías y de las aplicaciones Web 2.0: “Claro que no hace falta tener un blog, pero hace falta poner información en el sitio del barrio sobre dónde hay basura, dónde hay accidentes, crímenes. O hace falta, por ejemplo cuando se quiere construir un puente, exponer los esquemas posibles, etcétera. Yo creo que hay que salir de la noción estrictamente de uso”, y propone la de apropiación, es decir, cuando el usuario es quien le da sentido a la tecnología y la utiliza según sus intereses.

En ese sentido, deberíamos enlazar la historia de cómo –propuesta desde un blog– la Casa de Mafalda se convirtió proyecto de ley en la ciudad de Buenos Aires.

Tampoco puede faltar el millón de miradas que impulsa la Oficina de Derechos Humanos de la Secretaría de Cultura y Educación de Rosario con el objetivo de construir una cartografía de los derechos humanos en la ciudad.

Es verdad que esta suma de historias a las que enlazamos aquí, la de San Cristóbal, la del taxista, la de Rosario y la de la entrañable Mafalda no son más que un recorte más o menos reciente, más o menos arbitrario del impacto de los blogs fuera de la pantalla. Pero incluso seleccionando algunas al azar ¿quién duda aún de que los blogs son algo más que simples paginas personales?

A veces más cercanos al registro de la oralidad que al de la escritura, los blogs han democratizado para siempre la publicación de relatos, de imágenes y de videos. Buena parte de todas las historias que nos contamos, ahora se escriben y leen en los blogs.

Post original en educ.ar