Blogolandia

Cuando el último domingo de 2005 publicamos en la tapa de Señales un extenso artículo sobre blogs, el fenómeno local era incipiente. Había algunos millones en todo el mundo, algunos miles en la Argentina y algunas decenas en Rosario. El crecimiento parecía imparable. De hecho, en pocas semanas, la cantidad se duplicaba en todo el mundo. A principios de 2006 se creaba, en promedio, un blog por segundo.

Llamaban la atención. Se usaban para cualquier cosa. Hacer fácil lo difícil fue el primer gran acierto social: de repente, cualquier persona podía publicar contenidos en internet. El navegador, hasta entonces una simple ventana para buscar información y enviar emails, se convirtió en la imprenta digital moderna, por pocas monedas de cibercafé, para miles de personas.

Pájaros de mal agüero, vaticinadores de catástrofes intelectuales, lingüistas escépticos de variadas estirpes y otras especies que supieron encarnar la resistencia a la cultura digital anunciaban la inminente explosión de la “burbuja” que representaba el fenómeno.


Además, ante la inédita posibilidad de que cualquiera pueda publicar el contenido que le viniera en gana en pocos segundos, el miedo se generalizó: pocas empresas se animaban a abrir un blog temiendo que clientes insatisfechos vandalizaran los comentarios. Los políticos locales que se animaban a bloguear eran contados y Hermes Binner fue un pionero en ese sentido.

Pero no sólo no fue el Apocalipsis letrado, sino que los blogs se convirtieron en la punta del iceberg de lo que hoy se conoce como la Web 2.0: un entorno participativo, dinámico, menos corporativo y más social que generó todo un ecosistema de servicios y aplicaciones en línea, centrado en que los usuarios puedan compartir contenidos. Es el caso de sitios como Flickr.com, YouTube.com, Fotolog.com y tantos otros.

En sus inicios, a principios de este siglo, la blogósfera era sólo textual. Pero cuando se convirtió en fenómeno, y ya se podían contar los primeros millones de usuarios, se comenzaron a diseñar los incipientes modelos comerciales y a conceptualizar políticamente los emergentes sociales. Las nuevas posibilidades de procesamiento de información y edición de contenidos online cambiaron para siempre su dinámica expresiva.

Hoy, los blogs son poderosas plataformas de publicación. Con habilidades digitales mínimas, es posible publicar videos, extractos de mapas personalizados, fotografías y audios, entre otros formatos. Actualmente, políticos de todo el mundo tienen sus blogs, cientos de empresas participan de la llamada “conversación” en red, todos los medios periodísticos generan los suyos, un gran número de docentes los utilizan para potenciar sus clases y cada vez más nativos digitales, emprendedores, hasta montan empresas en torno a blogs.

No es una red color de rosa, claro que no. Es technicolor y hay para todos los gustos. Intereses comerciales, ideologías y hasta influencias de toda índole se ponen en juego en esos millones de enlaces que van y vienen entre los blogs. El fenómeno está empapado de todos los vicios, beneficios y proyecciones posibles. Es tan real. Poco ingenuo y bastante complejo, como todo entorno social.

En cualquier caso, la potencia radica en la blogósfera en su conjunto y en las redes que en ella se inscriben. Un blog, por sí solo, poco puede hacer, por más visitas que tenga. Las nuevas tendencias en comunicación, las cibercampañas políticas, los experimentos comerciales, periodísticos y educativos, entre otros, se ponen en marcha en red, involucrando distintos nodos, perfiles y locaciones. Un blog no es un medio. La blogósfera lo es. Las redes lo son.

Hace dos años, cuando introducíamos el tema desde la tapa de Señales, explicábamos qué eran los blogs, qué usos estaban emergiendo y especulábamos con su crecimiento. El eje cambió: ahora todos se preguntan cómo aprovechar estas tecnologías que, digámoslo así, son como imprentas domésticas y organizacionales. El punto es que las más poderosas son aquellas que mejor conectadas están, que construyen una red a la cual pertenecer. Por eso hay que ir al Rosario BlogDay, porque se van a exponer las distintas aristas involucradas en esta constelación de polifonías de sentido.

Bienvenidos a blogolandia.

Publicado en Suplemento Señales del diario La Capital de Rosario, domingo 4 de noviembre de 2007.
Un paseo por las bitácoras del presente
Ser blogger y no morir en el intento
Bienvenidos a la blogósfera
Un encuentro bien real

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