BBC: integración, apertura y diálogo

La BBC enfrenta, como la mayoría de los medios de comunicación hoy, el desafío de rediseñar sus modos de producción y de circulación de la información para satisfacer a nuevas demandas. En sus intentos por enfrentar el escenario actual de la industria, la cadena inglesa privilegia la sinergia en varios frentes de batalla.

La BBC, que como los grandes medios europeos comenzó siendo un monopolio estatal financiado con un canon ciudadano y terminó adaptándose a la tendencia mundial de los medios comerciales a partir de los 80 cuando permitió el ingreso de publicidad, aún mantiene su vocación de servicio público. Para seguir brindando noticias relevantes para la audiencia, apuesta por la coordinación de equipos, el multitasking, y la producción de contenidos transmedia que se adecúen para radio, televisión, prensa escrita y online.

La semana pasada, varios periodistas de BBC viajaron a Buenos Aires para hacer una cobertura especial sobre Malvinas, y trabajaron en conjunto con el equipo de corresponsales locales. Después de este encuentro, que culminó el jueves pasado en una charla en simultáneo entre argentinos en Café La Biela de Recoleta y kelpers en el hotel Malvinas en las islas, la productora del programa World Have Your Say, la inglesa de raíces hindúes Krupa Phady conversó con Amphibia para contar cómo se fabrican las noticias en el broadcaster más grande del mundo.

“En la BBC trabajamos, como mínimo, 12 horas por jornada, casi todos los días. Desde que llegamos a Buenos Aires, arrancamos a las 4am y terminamos pasada la medianoche,” dijo Krupa (@KrupaPadhy). Ella viajó con la productora Mónica Soriano (@ScottishMon) y Shelagh Fogarty (@ShelaghFogarty), la conductora de 5 Live, uno de los programas radiales más populares del Reino Unido, a quién sólo había visto cuatro veces en su vida, para trabajar en conjunto en este especial.

Aunque la mayoría del equipo proviene de la radio, y se especializa en el seguimiento de noticias mundiales de último momento y la búsqueda de información propia a través de entrevistas, todas se dedican a la producción de noticias que sean fáciles de adaptar al formato transmedia. ¿Qué significa esto? En lugar de detallar con estructuras específicas el contenido que será para la radio, para la web, para redes sociales y TV, generan un material único que luego, en post-producción, será desglosado y afinado para cada soporte.

“Lo único que transmitimos en vivo fue el programa radial, y el seguimiento en tiempo real en Twitter y Facebook. Después, la semana que viene, cuando todas retornemos a Londres, vamos a lidiar con la edición de video para TV y para la página online,” cuenta Krupa.

Cuando le pregunto los motivos por los que se organizan de este modo, ella contesta que es una modalidad reciente y la relaciona con los recortes en el presupuesto de la BBC, que se calcula que emplea a más de 20 mil trabajadores y que despedirá a 2 mil hacia 2017. “Este año fue difícil, porque tenemos fondos muy acotados. Cada uno de nosotros hace el trabajo de varios, y eso se nota en el cuerpo, pero no nos quejamos porque realmente hay oportunidades de crecimiento si uno se esfuerza mucho.”

Kupra, por ser la persona a cargo del programa de noticias internacionales World Have Your Say, viaja mucho a los lugares dónde suceden las noticias. Hizo producciones con los revolucionarios de la primavera árabe en Egipto, estuvo en Israel y se negó a ir a Siria y a Afganistán por temor a los peligros.

“Antes de venir a Argentina, mi padre me recomendó tener cuidado, porque percibía que era un país hostil con los ingleses, dado el contexto. Por suerte, me sucedió todo lo contrario, me tratan muy bien los argentinos.” Su colega de The Independent Jonathan Gilbert, que hace una semana tomó la decisión de venirse a vivir a Buenos Aires, piensa diferente: “Por las dudas, digo que soy irlandés. Un taxista fue bastante rudo conmigo cuando notó mi acento, por todo este tema de Malvinas.”

El resto del equipo se sintió cómodo trabajando en el país, excepto Ros Atkins (@BBCRosAtkins), que le tocó ir a las islas. Los kelpers, que se sienten ingleses hasta la médula, expresaron su enojo con la BBC por no tomar partido por ellos. Algunos se negaron a hablar en el programa, otros se retiraron del debate en vivo y muchos se ofendieron. “Nosotros sólo cumplimos lo que se supone que debe hacer el periodismo: ser imparciales, mostrar varios puntos de vista sobre el problema,” dijo Kupra.

Esta neutralidad se persigue en varios ámbitos, pero las redes sociales parecen ser un terreno difícil de controlar. Aunque los periodistas tienen sus cuentas personales, ellos aclaran que no representan el punto de vista institucional, sino el propio. En febrero, The Guardian informó que la corporación les prohibió a sus colaboradores publicar breaking news en redes sociales (como si twitter fuera la competencia), y les pidió que antes las comuniquen al medio. Cuando se trata de la relación con la audiencia por estos medios, hay menos trabas.

Para privilegiar la pluralidad de opiniones, la productora recurrió a la interactividad, una táctica que es aconsejada en la Estrategia de Medios Sociales publicada por la BBC la semana pasada. Antes de que comience el debate, y cuando éste se emitía en vivo, Kupra leyó los mensajes en Twitter y Facebook de los seguidores. Muchos comentarios se incorporaron a la batería de preguntas que tenían preparadas las entrevistadoras (por lo que el guión tuvo que ser lo suficientemente flexible y abierto a los imprevistos), y se sumaron percepciones en vivo que surgían a medida que la discusión progresaba. De hecho, muchas de las intervenciones de la audiencia agregaron tensión a la charla, por ser preguntas delicadas que ninguno de los miembros que estaban presentes se animaban a pronunciar.

“Yo creo que más del 60% de nuestros entrevistados provienen de las redes sociales,” arriesgó Kupra. Ellos se comunican con la radio para expresar sus inquietudes y, muchas veces, los interesados en que determinada información se propague son las mejores fuentes para ser consultadas por los periodistas. Con Malvinas, sucedió lo mismo. Gilbert, por ejemplo, twitteó al programa unas consultas, llamó para preguntar si podía colaborar y lo invitaron a ser parte del panel.

En esta sintonía orquestada, los papeles de cada parte del proceso de comunicación se solapan y se nutren en un ida y vuelta. Cada soporte dialoga con los otros, la preparación previa considera las rutinas cambiantes, los usuarios se vuelven parte del texto, y los contenidos se convierten en una construcción colectiva, disponible para diversos usos, que está unificada por la institución mediática que coloca los elementos juntos y les da un sentido nuevo en cada aplicación.