Arte que huele a “ahora”

Las cosas más difíciles de encontrar en este desvencijado y precario principio de siglo son porciones “que huelan a ahora”. La mayor parte del pastel visible es pura modernidad recalentada y a nosotros nos gustan los hornos transparentes. Cualquier suplemento de cultura que lean es un gran ejemplo de la modernidad microondas: no huelen a ahora, muestran más prejuicios sobre el pasado (sobre todo literario) que las porciones que se preparan en la gran cocina de las ficciones distribuidas en que se está transformando esta primera década.

Me siento más cerca de Anaisa Franco, una artista tan arduina como anfibia y deslocalizada, que de cualquier gurú de hace 50 años. Es tan de Sao Paulo y Barcelona, Londres, como podría ser de Buenos Aires. Remixa contextos digitales con arquitecturas de hardware libre. Sofoca al net art más naif y modela cocciones estéticas que vuelven desabrida cualquier crítica presentada como “experta” o “distante”. Su Controlled Dream Machine, por ejemplo y por suerte, no encaja en el arte fast food ni en los grandes relatos que se empecinan por contarnos.