Apuntes fuera de tiempo sobre Wikileaks y los cables

(Estos apuntes fueron escritos mayormente en diciembre del año pasado, al poco tiempo de que fueran publicados los cables diplomáticos y luego olvidados hasta esta semana).

Logro delinear tres ejes de análisis sobre el tema Wikileaks y los cables diplomáticos: el rol del periodismo, las formas comunicacionales de la diplomacia del paás más importante del mundo, y el rol de wikileaks y su objetivo.

1) Del periodismo puede decirse que jugó un rol fundamental para lograr que el contenido tuviese el mayor impacto posible, sin entrar a valorar el contenido. De algunos cables salieron noticias interesantes.
También puede decirse que la cobertura periodística argentina logró testimoniar algunos niveles de aquello que @nmavrakis ha logrado instalar como #findelperiodismo: por ejemplo, la centralidad dada a la pregunta sobre el estado de salud de Cristina por los medios argentinos era chusmerío puro porque se basaba en un cable escrito sin información propia, basado en leer al país a través de una revista de actualidad. (La cobertura en otros países debe haber tenido también sus bemoles, pero no la seguí tan de cerca).
El periodismo actuó de mensajero y distribuidor de quien no tenia medios para hacerlo. No significa que el periodismo muriera ni que Wikileaks lo matara. Sí muestra un cambio de esencia en el periodismo: el periodismo es canal, hoy, fundamental para publicitar el mensaje, pero ¿dónde queda la idea de que el periodismo se encarga de encontrar qué es el mensaje o incluso de formarlo?

2) De la comunicación diplomática. Estos cables serán más la delicia de quienes miran el pasado que de quienes miran el ahora. Explican cómo se comunica y recauda información dentro de la estructura diplomática del país más importante del mundo, sin explicar cómo se toman las decisiones finales. Sirven para analizar y entender una parte de la política internacional y las relaciones Argentina-EEUU, por ejemplo.
Que los cables digan que un presidente era maleducado y tenía negocios extrañs poco importa para analizar el ahora si al final la relación binacional fluía. Son, así, sólo un texto pintoresco. Importarían si, por ejemplo, hubiese un cable que dijera “como son amigos de tal no les compramos tal producto o no le permitimos tal cosa.” De eso no hubo, al menos en el caso argentino.

3) Wikileaks visto como el napster de la comunicación diplomática y estatal, idea que bien desarrolló el maestro Pepe. ¿Es una alegoría válida? Podría decirse que no si se señalase que el fenómeno que destrozó la estructura del mundo discográfico (y de cualquier otro producto canibalizable a través de una craqueo o una reproducción sencilla) lo desataron usuarios que tomaban productos que tenían a mano y los reproducían ad honórem. A las discográficas no las mató un organización que se robó toneladas de los discos y los subió a internet, al estilo Wikileaks; las mataron individuos.

Ahora, esto no significa que la alegoria no sea sostenible. Lo es porque básicamente trajo a la luz masiva la posibilidad de provocar un sismo informativo con las herramientas existentes. De ahora en más, los gobiernos podrán ajustar los sistemas comunicativos para que sea mas díficil la reproducción de un comportamiento como el de Wikileaks, pero el recuerdo de lo acontecido siempre amenazará.

Una de las críticas más repetidas es que la diplomacia necesita de puertas cerradas, que no puede ser abierta, que es política y la política no puede hacerse siempre a plena luz del día y en un escenario. El argumento erra en no darle importancia al hecho de que internet cambia la forma de comunicación y las jerarquías en infinidad de sistemas de interacción social. ¿Por qué la diplomacia no debería ser afectada, entonces, como lo fueron otros aspectos de la vida humana? ¿Por qué la diplomacia debería seguir operando igual que siempre? Si internet cambió a los medios de información y está cambiando la forma de hacer política, ¿por qué no debería ocurrir lo mismo con la diplomacia? ¿Qué hace diferente a la diplomacia?