Ahora el periodismo es un videojuego

¿Realidad virtual en contextos periodísticos? ¿Telepresencia mainstream? ¿Realidad aumentada en los “desvencijados” medios masivos? ¿Reporteros geoinmersivos? ¿Teletransportación de periodistas? ¿Simulaciones y realidades hibridándose? ¿Las redacciones y los centros de información se convirtieron en un mundo virtual?

Quién no se sorprendió, al menos por un momento, cuando los periodistas virtuales invadieron los estudios de la CNN esta semana mientras la cadena de noticias cubría las elecciones presidenciales de los Estados Unidos. Las “apariciones” fueron infalibles y, como suele pasar con toda innovación tecnológica, acaparó la atención más el detalle que la esencia. Nos enceguecemos con la tecnología cuando fue el relato periodístico el principal protagonista de la vigilia.

Todos sorprendidos, todos encantados, todos fascinados con la realización (videos 1 y 2). Pero la tele acaba de abrir una compuerta narrativa reservada hasta ahora para la ciencia ficción y la post producción de las películas más taquilleras de Hollywood. Bancá, me quedo corto: acaba de abrir una compuerta narrativa nativa de los mundos virtuales y los videojuegos. Y, como si fuera poco, en vivo.

¿La televisión se volvió amphibia? Sólo faltó que hagan aparecer a Tom Wolf. Las transmisiones holográficas de la CNN incluyeron teletransportación de periodistas y reconstrucción de espacios. ¿Real? ¿Virtual? ¿Físico? Da igual. Cualquier cosa menos solamente una ilusión óptica, aunque el presentador no manipulara ninguna maqueta pero el espectador la viera, aunque la sonriente periodista Jessica Yelin estaba encerrada en una carpa con más de treinta súper cámaras en Chicago y la viéramos en Atlanta.

La discusión técnica sobre la transmisión de la CNN ya comenzó. Que si fue un holograma, que si fue un tomograma. Si bien parece que estrictamente no fue una transmisión holográfica, porque las figuras que los espectadores veíamos no estaban proyectadas en el estudio de TV sino renderizadas en tiempo real e invisibles para quienes estaban presentes en el piso de transmisión, el hecho de que se haya tratado de un tomograma no resta audacia narrativa.

En cualquier caso, no fue tanto un despliegue tecnológico como una expansión del lenguaje de los nuevos medios, y estamos ansiosos por leer lo que tengan para decir Lev Manovich y Eduardo Kac al respecto.

Y así estamos. Mientras Obama desayuna leyendo el primer informe confidencial de inteligencia que le comparte Bush, nosotros alquilamos balcones para ver la guerra con la prensa que enfrentará el “primer presidente negro” de la madre patria, temiendo que el mundo se vuelva más racista que nunca, temiendo que el culto a la minoría no pueda transformarse en otra cosa que en una demagogia renovada del sueño americano.