Adiós a los nativos digitales: aquí están los arduinos

Cuando se desmoronaba lo urbano y su falso eslogan binario creado en la linealidad industrial, la categoría nativos digitales se puso de moda.

by Sin Cita

El término se propagó como la peste y cualquiera que intentaba refutarlo era reprimido. Era difícil negarle su encanto: su costado publicitario lo masificó y sus pretensiones intelectuales lo llevaron a los claustros pedagógicos. Incluso las academias capitalinas que se habían preocupado apocalípticamente por la muerte de la alfabetización universal a lo Gutemberg en manos de la invasión digital, no resistieron y defendieron la noción. Y la defendieron siempre con pasaporte de inmigrante en mano o, en el peor de los casos desde una lectura lacaniana del ciberespacio con odas a Slavoj Žižek.

Hasta que los contextos se volvieron anfibios.

Con ellos, los roles de nativo o inmigrante que habían sido asignados con el dedo generacional de Guttemberg se esfumaron sin vuelta atrás. Pero los contemporáneos no lo aceptarían tan fácilmente, aunque la idea de nativos digitales no fuera más que una propaganda y no tuviera nada parecido a una generación.

El problema de los embajadores de la imprenta fue que quisieron explicar con la idea de generación lo que no supieron comprender en realidad: lo que había cambiado era el contexto.

La idea de nativos digitales se desplomaba, pero ellos defendían su capacidad de estar adentro y afuera, aquí y allá, de tener una vida off y otra on. Para ellos, el arte de los nativos era darse el lujo de construir una relación privilegiada con ambos contextos, como si hubieran comprado un abono de ida y vuelta y ya no pudieran ser menos que posmodernos en la cima de la modernidad. Pero claro, el 2018 aún era muy temprano.

A los nativos se los presentó como una especie, cuando en realidad fueron una clase, la primera clase social de la sociedad de la información. Fueron una categoría retórica diseñada en las últimas trincheras de la era de la imprenta.

Los arduinos, en cambio, son una metáfora enteramente anfibia dispuesta a mutar y diversificarse. Desde el vamos quieren conocer y modificar su código fuente. El afuera y el adentro les queda chico. Porque se piensan naturalmente en cambio, porque son producto de la tecnología más poderosa que se desprendió de todos los experimentos ligados al software y hardware libre.

A diferencia de los nativos, que se adaptaron, los arduinos buscaron modificar el código fuente del contexto. Mientras los nativos usaron, los arduinos compenzar a producir y remixar. Mientras los nativos vivieron felices en la ingenuidad “ciberdemocrática”, los arduinos hicieron carne la ética hacker.

Code me! Code me!

Credito de la foto: SinCita