A quién le importa las pageviews

Algunos firmaron el certificado de defunción de las pageviews hace tiempo. El gran Steve Rubel ya las enterró y Jeff Jarvis también explicó sus razones sobre el asunto. Pero aún están quienes las ponderan y continúan fijándose en ellas. En privado casi todos reconocen que ya no cuentan, pero, a la hora de hacer números, muchos se apoyan en las santas páginas vistas.

En la arquitectura de contenidos que se empezó a levantar con la Web 2.0, romper el chanchito digital y contarlas parece un mal de muchos o un consuelo de tontos, cuando no una muestra de no haber entendido nada.

La widgetización de los contenidos y los lenguajes de distribución de datos parecen haber hecho de las pageviews una variable completamente obsoleta, un “dirty little secret” que crackea modelos publicitarios, redefine al marketing online y nos recuerda que además de personas, nos leen máquinas.

En un contexto donde las lecturas son por default a la carta y buena parte de ellas se traducen en producción de contenidos, remixados varios y recomendaciones, la distribución de canales RSS y los enlaces entrantes, quién puede dudarlo, son parámetros mucho más sólidos y revelan valorización y, sobre todo, bajan al máximo las impresiones de páginas errática que devuelven los buscadores.

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