¿Qué es un escritor? ¿Qué es un periodista? ¿Qué es un lector?

Algunos apuntes más sobre cómo el campo cultural se desalambra gracias a las nuevas tecnologías, en tensión constante contra una siempre peligrosa voluntad conservadora.

* Antes podía hablarse de una larguísima tradición de escritores-periodistas. Una tradición que existía por una cuestión primero cultural y después económica: los medios eran un espacio de intervención real en la vida política y cultural del país. Por lo tanto, el escritor —que se entiende: deseaba influir en la vida política y cultural— necesitaba incorporarse a los medios masivos.

* Vamos a resumir cien años de historia cultural con una oración: esa intención de intervenir en la res pública decayó.

* Sin embargo, la subsistencia económica en tanto escritor continuó siendo inviable. Por lo tanto, un escritor necesitaba del sueldo del periodista para comer y, en algún punto, la idea de que “trabajaba de la escritura” le servía como compensación espiritual. Hasta que pudiera mudarse a Villa Gesell a vivir sólo de sus libros.

* Todo eso ha cambiado. Y ha cambiado radicalmente. Aunque los efectos no sean aún visibles para todos. Creo que la discusión contemporánea es si todavía hay periodismo.

* Tal vez ustedes aún sean parte de una reacción que considera que hay que comprar una masa de papel pintada para informarse. Además de antihigiénico, ese modo de leer “la realidad” pasa por alto uno de los fenómenos culturales y narrativos que más me interesan: los comentarios en la web.

* Conozco personas que entran a portales de noticias sólo para leer los comentarios de los lectores. Esos comentarios casi siempre soeces y brutales son el nuevo quid de lo que termina por presentarse como “noticia”.

* ¿Ustedes saben qué es un community manager? Son los tipos que van a ordenar y redefinir muchas de las ideas que existen sobre lo que es la ciudadanía y la información durante los próximos diez años. Hoy los comentaristas de portales de noticias son el canal de lectura de eso que con cierto optimismo podría llamarse lo real . Y su dinámica, aún inexplorada, está operando como la cuna fértil de relatos radicales de una naturaleza distinta sobre casi todo.

* Para los grandes medios, estos comentarios son como el rating de la televisión. Hay moderadores pagos que se dedican a estudiarlos y censurarlos. Juan Terranova —para quien el tema es parte de su poética, en cierta forma— escribió hace unas semanas sobre esto en su columna de Hipercritico.com y menciona un cuento que escribí al respecto. El cuento es exactamente sobre una cuestión que me interesa cada día más: aceptando que vivimos en una sociedad completamente mediatizada, ¿quiénes construyen hoy en día las noticias? ¿Quiénes y por qué? ¿Con qué parámetros? ¿Con qué efectos concretos sobre la democracia y la información?

* Los comentarios son un espacio de intervención, casi diría, ciudadana. Y nada indica que esto vaya a detenerse, sino al contrario. ¿Qué líneas de lectura se producen a partir de esa nuevo rol dinámico entre periodismo, lectura y escritura? ¿Cuál es el rol específico del periodista en ese contexto? ¿Cómo y quiénes pueden releer y reconstruir un evento determinado cuando, cada vez más y cada vez más rápido, los eventos tienen como marco principal ese mundo tóxico y constitutivo de comentarios en la web?

* La pregunta también es expansiva hacia el rol del escritor a partir de la siguiente consigna: son ahora los lectores quienes escriben y dan forma a los hechos. Por lo tanto, ni el periodista ni el escritor se disputan entre sí un rol clave en la intervención escrita. La disputa, en cambio, es con los lectores. Y créanme, los lectores son clientes y siempre, a la larga, los clientes tienen la razón.

* La palabra clave es flujos culturales. Esa idea de que las estructuras de la autonomía de casi todo poder discursivo fluyen —o son líquidas, a pesar de Bauman— es importante. Me gusta la palabra flujo porque incluso suena un poco asquerosa. Y en el nuevo terreno donde la cultura es un flujo y los comentadores de páginas de noticias adquieren un rol cada vez más determinante en la creación y percepción de lo real, comienza a haber mucho espacio para la suciedad y el asco.