¿De qué serviría construir un Cabildo abierto en Second Life?

Lejos de querer transformase en proyecto nacionalista o patriotero, la idea de construir un Cabildo en Second Life –o en cualquier mundo virtual, no importa- parece ser un plan de aprendizaje, una estrategia didáctica, un experimento que vale la pena, para conocer el proceso que buscó crear una nación libre e independiente, para estudiar la época y su sistema simbólico, para conocer las ideas y el contexto con el que dialogaban. Lo más importante no sería visitarlo una vez construido. Lo más enriquecedor sería construirlo colectivamente.

Si vamos a construir el Cabildo en Second Life, o lo que fuere, lo primero que hay que saber es eso: que la construcción colectiva de ese entorno es más importante que el producto final. Lo que importa no es tanto el Cabildo como participar de la construcción de un edificio cargado de historia. Porque cuando los ladrillos son información, los albañiles dejan de ser inmigrantes explotados y se convierten en los arquitectos del conocimiento que ya no necesitan capataces o jefes de obra sino coordinadores o nodos catalizadores que promuevan la convergencia productiva.

¿Por qué sería un experimento interesante? Porque de movida sería una excusa para tomar a los alumnos por asalto, para sorprenderlos, para involucrarlos con contenidos curriculares que, en general, son abordados de forma tradicional: Introducción, explicación, libro de texto, preguntas, lección, examen, aprobó y no aprobó.

La interfaz y el lenguaje podrían ser un atractor súper poderoso. Y el trabajo, es decir, la informacionalización de los materiales, requeriría una investigación tan amplia como profunda sobre la historia.

Sí o sí, habría que leer, estudiar, compartir información. Sí o sí, habría que ir al Cabildo, ver sus aberturas, sus techos, sus texturas, sus materiales y ponerlos en contexto. Sí o sí, habría que empaparse con la historia de ese edificio. Pienso en una red de alumnos-constructores, alumnos-investigadores…

Si lo pensamos como un acto escolar, como el proceso previo a un acto escolar, podríamos pensar en que los chicos en vez pegarse cartulinas para tomar parte y aprender un versito de memoria, deberían, por ejemplo, diseñar los avatares de Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Nicolás Rodríguez Peña, Juan José Paso y Antonio L. Beruti.

Diseñarlos no sería hacer muñecos en 3D similares. Implicaría estudiar por qué se vestían como se vestían, por ejemplo. Y detrás de los modos del vestir, como todos sabemos, es posible leer ideas, valores, modelos de hombres y mujeres…

Construir un Cabildo abierto en Second Life sería un experimento didáctico, un proyecto colectivo, una estrategia constructivista, una excusa para aprender, una forma de usar las tecnologías en el aula.

Si un videojuego como Final Fatansy toma toma muchísimos elementos de la historia, la literatura, la religión y la mitología de Japón para el desarrollo de su trama, y sus jugadores son aprenden algunas cosas de esos temas jugándolo, cómo no vamos a pensar en la posibilidad de aprovechar los mundos virtuales para enseñar y aprender.

Sería un experimento, no una certeza que sólo le sirve modelo pedagógico vigente. Sería una forma intentar cambiar las asimetrías áulicas. Sería una oportunidad para renovar la relación docente/alumnos.